Murió Mabel, una de las creadoras de los Imperialitos del Plata, el clásico de la pastelería platense que nació hace más de cinco décadas. Junto a su esposo, Héctor “El Negro” Velasco, transformó una receta en un emprendimiento familiar que continuaron su hijo y sus nietos.
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La familia la despidió con una publicación en las redes del negocio: “Para ustedes, la señora de los imperialitos. Para nosotros, simplemente la abuela Mabel. Hasta siempre, te vamos a extrañar”. El mensaje, difundido el 28 de octubre, recordó tanto su lugar en la historia del comercio como el vínculo con quienes crecieron a su lado.
Una receta que nació en 1972
La historia comenzó en la confitería Hispano-Argentina, en la esquina de 44 y 15, donde el matrimonio elaboraba panificados, facturas, tortas y masas finas. Héctor, nacido en Berisso, aprendió el oficio desde joven y construyó junto a Mabel el negocio en el que surgió su especialidad más reconocida.
En 1972, ambos decidieron hacer una versión pequeña de la torta imperial. Los primeros imperialitos compartían el mostrador con otras masas finas, pero se distinguían por un merengue suave que se deshacía en la boca. Una década después, la pareja trasladó el comercio a 47 entre 11 y 12, con el nombre de Confitería del Plata, y el producto comenzó a ganar protagonismo.
El legado que siguieron su hijo y sus nietos
Con los años, Hugo, hijo del matrimonio, quedó al frente de la elaboración. Conservó los ingredientes y los tiempos de cocción de la receta original, aunque aumentó el tamaño. La preparación combina dos tapas de merengue, un relleno de crema con base de dulce de leche, praliné de maní y azúcar impalpable.
A mediados de los 2000, la familia decidió concentrar la producción exclusivamente en los imperialitos. La elaboración artesanal y el boca a boca acompañaron su crecimiento, hasta convertirlos en una presencia habitual en reuniones familiares y encuentros entre amigos. Por su fragilidad, se venden en bandejas.
Facundo, Juan Manuel y Germán, nietos de Mabel y Héctor, también se incorporaron al emprendimiento junto a su padre Hugo. Así, la creación que comenzó en una confitería de barrio continúa en manos de la familia, como parte del legado que dejó Mabel en la gastronomía de La Plata.
