El debate por la eliminación de la Zona Fría dejó de ser una discusión técnica sobre subsidios para convertirse en una preocupación concreta para la economía local. Un informe elaborado por el economista Carlos Guillermo Schwartzer, que ya circula entre empresarios, legisladores y dirigentes políticos, reveló una cifra que heló la sangre de más de uno: entre 28.000 y 32.000 millones de pesos anuales dejarían de permanecer en los bolsillos de los usuarios marplatenses.
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El dato fue presentado por el titular de la UCIP, Blas Taladrid, durante el agasajo a la prensa realizado por la entidad. “Son aproximadamente 2.500 millones de pesos por mes que dejarían de circular en la economía local”, reconoció Taladrid.
El número es tan abrumador que cuesta dimensionarlo. Es dinero que ya no se gastaría en los centros comerciales a cielo abierto, en negocios barriales, en gastronomía, en servicios personales o en reparaciones del hogar. Es dinero que, simplemente, cambiaría de destino y se esfumaría del distrito.
El fin de la Zona Fría amenaza con vaciar los bolsillos de los marplatenses este invierno
Mar del Plata no es una ciudad cualquiera dentro del esquema energético argentino. Posee una de las mayores concentraciones de usuarios residenciales conectados a la red de gas del país y registra consumos elevados por razones climáticas. “El gas no funciona aquí como un bien de confort. Durante buena parte del año es una necesidad básica”, advierte el informe. Se estima que existen alrededor de 250.000 usuarios residenciales conectados a la red en General Pueyrredon.
La cuenta política es sencilla pero demoledora. Si una familia debe destinar entre 15.000 y 25.000 pesos más por mes al pago del gas durante los meses de invierno, ese dinero deja de gastarse en otra parte. Y cuando ese fenómeno se multiplica por cientos de miles de hogares, la consecuencia deja de ser individual para convertirse en un problema económico de escala.
En las cámaras empresarias ya comenzaron a sacar cuentas. La preocupación no pasa únicamente por los mayores costos energéticos que deberán afrontar los comercios. El temor principal es una nueva caída del consumo, en un contexto donde la economía local ya viene soportando una combinación explosiva de salarios rezagados, menor actividad y retracción de las ventas. “Un golpe adicional sobre el ingreso disponible de las familias podría profundizar una tendencia que preocupa especialmente a los sectores vinculados al mercado interno”, señalaron fuentes del sector.
Treinta mil millones de pesos equivalen a una masa de recursos capaz de mover buena parte de la actividad comercial de la ciudad durante varios meses. No es un número menor ni una corrección marginal. Es dinero que hoy circula dentro de General Pueyrredon y que mañana podría hacerlo fuera de él. Por eso la discusión empezó a adquirir un volumen político inesperado.
A diferencia de otras discusiones que dividen aguas de manera automática entre oficialismo y oposición, la Zona Fría genera coincidencias inesperadas. Intendentes radicales, peronistas, vecinalistas e incluso dirigentes cercanos a La Libertad Avanza comparten un diagnóstico básico: “El problema no es solamente cuánto se paga de gas sino qué efecto tiene esa erogación sobre las economías regionales”.
Sin embargo, desde el municipio de Agustín Neme y Guillermo Montenegro, el silencio es total. Mientras los comerciantes y vecinos se preparan para un invierno durísimo con facturas que se dispararán hasta un 50%, los responsables de la ciudad siguen sin dar la cara.
La pregunta que flota en el ambiente es sencilla pero incómoda: ¿cuánto dinero puede darse el lujo de perder una ciudad que todavía intenta recuperarse de años de estancamiento económico? La respuesta, según los cálculos que hoy circulan por los despachos marplatenses, ronda los 30.000 millones de pesos.