Escribo hoy porque a las 02:01 de esta madrugada la Dirección Nacional de Migraciones publicó un comunicado que contradice todo lo que el Gobierno había dicho el día anterior. Flávio Bolsonaro, el candidato que perdió el balotaje del domingo contra Lula, entró a la Argentina el martes a las 22:50 por el puente Tancredo Neves, de Foz do Iguaçu a Puerto Iguazú, con su esposa y sus dos hijas. A las 23:30 subió a un vuelo privado. Pasada la medianoche despegó hacia Guayaquil.
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Para entender por qué esto importa hay que mirar qué tenía encima. El lunes 26 a la mañana, la Policía Federal de Brasil le notificó una orden del juez Alexandre de Moraes, del Supremo Tribunal Federal: no podía salir del país, le cancelaban los pasaportes, también el diplomático, y tenía 24 horas para entregar los documentos de otras nacionalidades. Según CNN Brasil, Flávio está investigado por lavado de dinero y evasión de divisas: la Policía Federal sigue movimientos por 130 millones de reales entre marzo y mayo de 2025, vinculados con su amigo, el abogado Willer Tomaz. Hay otra causa, según Conjur: los 61 millones de reales que habría cobrado del banquero Daniel Vorcaro, dueño del Banco Master y preso desde marzo, para la película sobre su padre. Él niega todo, y por ahora es eso: un investigado. Pero un investigado al que la Justicia de su país le había dicho que no se moviera.
Un avión que esperaba
El dato que más me interesa no es el puente. Es el avión. Según Perfil y CNN Brasil, el Gulfstream G400 matrícula LV-JQW, de la empresa argentina Baires Fly, salió de Aeroparque el lunes a la noche y aterrizó en Puerto Iguazú cerca de la medianoche. Se quedó ahí más de 24 horas. Cuando Flávio cruzó, el avión ya estaba listo. Despegó a las 0:20, evitó el espacio aéreo brasileño, sobrevoló Paraguay y aterrizó en Guayaquil antes de las seis. Según FlightRadar, el mismo avión tenía plan de vuelo a Miami.
Mientras ese avión esperaba, el Gobierno negaba. El martes a la mañana, Migraciones dijo que no registraba ningún ingreso. Un vocero lo repitió ante Bloomberg. El Ministerio de Seguridad le dijo a CNN Brasil que Flávio no había entrado al país. El vocero Adrián Ravier se limitó a decir que «no hay ningún pedido de asilo, con lo cual, no hay nada más que agregar». Y Santiago Caputo, que según La Política Online y La Nación estaba en Misiones desde el lunes a la noche, tuiteó contra los periodistas: «Dijeron cualquier cosa. Se desdijeron. Lo volvieron a decir».
A las dos de la mañana, el que se desdijo fue el Gobierno.
El saludo que no hubo
Hay otra escena de la misma semana que completa el cuadro. El martes, Ravier confirmó que no habrá comunicado para felicitar a Lula. Lo justificó así: "En 2023, cuando ganó Milei, no hubo un gesto de Lula para saludarlo ni nada". No es cierto. La noche del 19 de noviembre de 2023, Lula escribió en X que deseaba «boa sorte e êxito» al nuevo gobierno argentino. No nombró a Milei, que lo había llamado comunista y corrupto en la campaña, pero saludó. Milei y Nayib Bukele son los únicos mandatarios de la región que no le escribieron.
Pongo las dos cosas juntas porque son la misma política. Con Brasil, nuestro principal socio comercial, el Gobierno elige la pelea con el que ganó y la complicidad con el que perdió.
Mi lectura
La ley está del lado del Gobierno en un punto: una orden de un juez brasileño no rige en nuestra frontera. Para frenarlo hacía falta un pedido de captura o una alerta internacional, y no había. Por eso Migraciones dice que pasó «sin ningún impedimento legal».
Pero el problema no es solo legal. Un avión de una empresa argentina esperó más de un día en un aeropuerto federal. El principal asesor del Presidente estaba en la provincia. Y el Gobierno negó durante horas lo que después tuvo que confirmar de madrugada. Yo no tengo dudas: el Gobierno de Milei ayudó a Flávio Bolsonaro a escapar de la Justicia de su país. Es mi lectura, y la apoyo en esos hechos. La diputada Marcela Pagano ya pidió en el juzgado federal de Puerto Iguazú que se preserven las cámaras del puente y del aeropuerto, los planes de vuelo y el contrato del avión. Las cámaras van a decir el resto.
La frontera es nuestra, no de los amigos del Presidente. Y la relación con Brasil no se maneja como una interna de la derecha regional.