La Patagonia no se vende, se entrega

El proyecto de Inviolabilidad de la Propiedad Privada, trae aparejado la legalización de la entrega de nuestra soberanía sobre el territorio. Los recusos presentes en la Patagonia son esenciales para los nuevos desarrollos de los tecno-magnates de las IA y vienen por todo. 

Martes, 30 de junio de 2026 a las 15 25

Walsh ya lo había escrito

En marzo de 1977, Rodolfo Walsh tipeó una frase que sigue explicando este país mejor que cualquier consultor de la City: "Estos hechos, que sacuden la conciencia del mundo civilizado, no son sin embargo los que mayores sufrimientos han traído al pueblo argentino ni las peores violaciones de los derechos humanos en que ustedes incurren. En la política económica de ese gobierno debe buscarse no sólo la explicación de sus crímenes sino una atrocidad mayor que castiga a millones de seres humanos con la miseria planificada."

Miseria planificada. Dos palabras. Walsh entendió antes que nadie que la dictadura no era un paréntesis de violencia: era un proyecto económico. Que las desapariciones eran el método; el verdadero objetivo era reconfigurar de cuajo la economía argentina para que un puñado ganara siempre y la mayoría pagara siempre.

Cuarenta y nueve años después, la frase vuelve a calzar perfecto. Sólo que ahora no hace falta Ford Falcon ni picana. Alcanza con un proyecto de ley, una conferencia de prensa de Sturzenegger y un Senado dispuesto a votarlo este jueves 2 de julio.

De Lago Escondido a la "Ley de Inviolabilidad"

A Joe Lewis, dueño del cuarto banco más grande del Reino Unido, le regalaron Lago Escondido hace veinte años. 12.000 hectáreas de bosque andino patagónico, un lago entero adentro del campo, un camino público convertido en propiedad privada y un Estado argentino que durante dos décadas no pudo (no quiso) hacer cumplir una orden judicial básica: que los argentinos pudieran caminar por su propio territorio.

Cuando llegó Milei, en lugar de hacer cumplir el fallo de la Corte Suprema, pactó en secreto con Lewis para frenar el juicio de lesividad. Es decir: el Estado renunció a recuperar la tierra. La aceptó como pérdida.

Ahora viene la segunda parte. Sturzenegger presentó la Ley de Inviolabilidad de la Propiedad Privada. El nombre suena épico, casi constitucional. Lo que la ley hace, en concreto, es esto: deroga los artículos 8, 9 y 10 de la Ley 26.737 de Tierras (la que en 2011 puso el tope del 15% por departamento para extranjeros), deroga el decreto 1385/44 que protege zonas de frontera desde Perón, y voltea la prohibición de cambiar el uso del suelo después de un incendio.

El Observatorio de Tierras del Conicet ya detectó 36 departamentos del país donde la concentración de tierras en manos extranjeras pasa el tope del 15%. Cuatro pasan el 50%. La ley no abre la puerta: legaliza lo que ya entró por la ventana.

Como dijo Felipe Solá la semana pasada: "Estamos ante la creación de muchos Lagos Escondidos." No es metáfora. Es el plan.

Pero el negocio no es la tierra. Es lo que viene arriba.

Hasta acá la historia parece la de siempre: estancieros ingleses, jeques árabes, magnates que se compran cordillera. Las 70.000 hectáreas que jeques de Qatar y Emiratos compraron en la Patagonia en los últimos diez años ya son parte del paisaje. Lo nuevo, lo que cambia todo, es que ahora la tierra no es el negocio. Es la infraestructura del negocio.

Peter Thiel, el dueño de Palantir, compró una mansión de USD 12 millones en Barrio Parque. Trajo a la familia. Anotó a los hijos en un colegio porteño. Hace dos semanas se reunió con Milei, Caputo, Sturzenegger y Quirno. Thiel no viene a hacer turismo. Viene a coordinar.

El 29 de junio Argentina firmó con Estados Unidos un acuerdo llamado Pax Silica. Suena a tratado de paz. Es un tratado de provisión: Argentina entrega minerales críticos (litio, cobre, tierras raras) e infraestructura territorial para que Estados Unidos pueda fabricar los chips que necesita su industria de inteligencia artificial. Nosotros ponemos la materia prima y la zona. Ellos ponen la patente, el software y el cobro.

El día anterior, OpenAI había anunciado el proyecto Stargate Argentina: USD 25.000 millones, 500 megawatts, un megadata center en la Patagonia. 500 megawatts es el triple de la capacidad TOTAL de data centers de toda América Latina hoy. Tres veces. En un solo proyecto. En el sur argentino. El socio local se llama Sur Energy. La primera fase está prevista para 2027.

¿Por qué la Patagonia? Lo explica sin vueltas Resumen Latinoamericano: tierra barata, energía abundante, agua dulce para refrigeración, clima frío. Son las cuatro condiciones que los data centers de IA necesitan para funcionar. La Patagonia las tiene todas. Es lo que ellos llaman, sin pudor, "zona de sacrificio".

El traje jurídico se cose a medida

Para que un megadata center extranjero pueda instalarse en una zona de frontera, comprar tierra, captar agua a discreción y consumir 500 MW sin pagar impuestos durante décadas, hace falta un marco legal hecho a medida. Ese marco se está armando con tres patas.

Primera pata: el Súper RIGI, aprobado en Diputados el 25 de junio con 130 votos a favor. 30 años sin Ganancias, sin IVA, sin retenciones, sin derechos de exportación. Costo fiscal estimado: USD 8.640 millones por año que dejamos de cobrar. Tres décadas de blindaje impositivo, prorrogables.

Segunda pata: la Ley de Inviolabilidad de la Propiedad Privada que se vota este jueves. Sin ella, la zona de frontera sigue cerrada al capital extranjero y el tope del 15% sigue siendo (formalmente) ley. Con ella, los 500 MW se pueden enchufar donde quieran.

Tercera pata: Palantir y nuestros datos. Thiel ya ofreció el software de Palantir para el Criaco (Centro Regional de Información sobre Crimen Organizado) y quiere alojar los servidores en ARSAT. Infraestructura pública argentina, software estadounidense, ganancia privada, vigilancia total. El paquete completo.

La transferencia que nadie nombra

La pregunta que ningún canal va a hacer es la más obvia: ¿qué se llevan y qué nos dejan?

Se llevan: tierra, agua dulce, energía eléctrica, minerales críticos, datos. Todo lo que hace falta para que la inteligencia artificial siga creciendo en otro hemisferio.

Nos dejan: impuestos que dejamos de cobrar, fronteras abiertas, tarifas dolarizadas que pagamos los de abajo para subsidiar el consumo eléctrico de los servidores, jurisdicción legal renunciada (los contratos del RIGI se litigan en tribunales internacionales, no en los nuestros), y un régimen blindado hasta 2056. Un hijo que hoy tiene diez años va a vivir toda su vida adulta bajo este esquema, sin posibilidad de cambiarlo por voto.

Esto es lo que Walsh llamó miseria planificada. No es desorden, no es improvisación, no es "el ajuste necesario". Es un plan. Está escrito. Tiene firmas, fechas, decretos y proyectos de ley con número.

El nombre correcto

A esto, en política exterior, se le llama enclave colonial. Una zona del territorio nacional con régimen jurídico propio, beneficios fiscales propios, jurisdicción legal propia y orientación exportadora. El siglo XX argentino tuvo enclaves: La Forestal, Standard Oil, los frigoríficos ingleses. Todos termina

ron igual: cuando agotaron lo que vinieron a buscar, se fueron y dejaron pueblos fantasma. La Forestal dejó deforestación, La Standard Oil dejó pozos abandonados, los frigoríficos dejaron Berisso y Ensenada vacías de trabajo.

Esta vez el enclave es digital, pero la lógica es la misma. Cuando la IA encuentre tierra más barata, agua más abundante o energía más subsidiada en otro país, se va. Y nos deja la Patagonia con la red eléctrica saturada, las napas comprometidas, los datos en servidores ajenos y una ley de inviolabilidad que ya no se puede derogar porque está protegida por tratados internacionales.

Lo que queda por hacer

Mientras escribo esto, en Diputados se discute Santilli como ministro del Interior y el oficialismo celebra que "la casta tiene miedo". La casta no tiene miedo. La casta es el gobierno. El que tiene miedo es Macri, que se quedó sin partido. El que tiene miedo es el bloque opositor que mañana puede perder la votación en el Senado.

Pero a nosotros, a los de abajo, no nos pueden pedir miedo. Nos pueden pedir atención. Que no nos distraigamos con Santilli mientras se vota Sturzenegger. Que no nos distraigamos con Adorni que se va al Pacto Mayor mientras se firma Pax Silica. Que no nos distraigamos con Espert mientras Stargate firma con Sur Energy.

El truco está en el ritmo. Ellos sacan una novedad ruidosa por día para que nosotros no leamos la letra chica de la ley que se vota a la noche. Ese es el método. Lo aplican porque funciona.

Walsh terminó su carta abierta así: "Estas son las reflexiones que en el primer aniversario de su infausto gobierno he querido hacer llegar a los miembros de esa Junta, sin esperanza de ser escuchado, con la certeza de ser perseguido, pero fiel al compromiso que asumí hace mucho tiempo de dar testimonio en momentos difíciles."

Yo no tengo esa certeza ni esa entereza. Pero sí tengo esta columna de opinión, estos lectores y este dato.

Este jueves 2 de julio se vota en el Senado la Ley de Inviolabilidad de la Propiedad Privada. Si se aprueba, la Patagonia deja de ser nuestra. Si se rechaza, sigue habiendo Lagos Escondidos, pero al menos no son la regla.

Llamá a tu senador. Compartí esta nota. Y la próxima vez que un libertario te diga que "la inversión extranjera viene a salvarnos", preguntale: ¿salvarnos de qué? ¿Y a cambio de qué?

#DatoMataRelato

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