El presidente no ve un problema con el empleo. el INDEC lo publicó al día siguiente

Milei dijo en Washington que la Argentina no tiene un problema de empleo. Veinticuatro horas después, el INDEC informó que en un año se perdieron 156.000 puestos asalariados registrados y que los salarios se quedan con una parte cada vez más chica de lo que producimos.

Viernes, 16 de octubre de 2026 a las 14 39

El jueves, mientras en la Plaza del Congreso la policía tiraba gases sobre la quinta Marcha Federal Universitaria, Javier Milei hablaba ante la Cámara de Comercio de Estados Unidos, en Washington. Fue a recibir un premio como «campeón de la libre empresa» y a explicar su modelo a quienes tienen que poner la plata. Entre las frases que dejó, hubo una que vale la pena tomar en serio, porque resume cómo mira el país: «La tasa natural de desempleo histórico en Argentina está en torno al 10%. Hoy está debajo del 8%, con lo cual Argentina tampoco tiene un problema con el empleo».

Lo escribo hoy porque los números para discutirla llegaron solos, al día siguiente, y los firmó su propio Gobierno.

 

Los detalles de la recesión

Primero, lo que tiene de cierto. La desocupación del segundo trimestre, según la Encuesta Permanente de Hogares del INDEC, fue de 7,9%. Debajo del 8%, sí. Por una décima. Lo que el Presidente no dijo es que hace un año era 7,6%: no bajó, subió. Y que casi la mitad de los que trabajan, el 45%, lo hacen en la informalidad, casi dos puntos más que un año antes.

Pero el dato que importa es otro. El INDEC publicó la Cuenta de generación del ingreso del segundo trimestre de 2026. Ahí se ve no solo cuánta gente trabaja, sino cómo. Los puestos de trabajo totales crecieron 0,5% contra el mismo trimestre de 2025: unos 101.000 más. Hasta ahí, buena noticia. Pero los puestos asalariados registrados —los que tienen recibo, aportes jubilatorios, obra social, aguinaldo y vacaciones— cayeron 1,4%. Son 156.000 menos. Lo que creció fue el trabajo no asalariado, cuentapropistas y monotributistas, con 229.000 puestos más, y los asalariados en negro, con 28.000 más.

Milei lo había anticipado con una fórmula elegante: lo que hay, dijo, es «un cambio en la composición del empleo». Es verdad. Cambió la composición. Se van empleos con convenio y llegan changas, repartos por aplicación y monotributos que facturan a un solo cliente. El secretario de Trabajo, Julio Cordero, fue más lejos: dijo que hay gente que prefiere el monotributo a la relación de dependencia. Puede ser. Pero cuando 156.000 personas pierden el recibo en un año, no parece una elección de estilo de vida.

Hay un tercer número, del mismo informe, que para mí es el más importante de todos. De todo lo que se produce en la Argentina, la parte que se lleva el trabajo asalariado pasó de 45,4% a 42,9% en un año. La parte que se queda como excedente de las empresas subió de 41,9% a 44,7%. Dicho sin tecnicismos: la torta no se achicó tanto como cambió de manos. No es que no haya plata. Cambió de bolsillo.

Ese es el punto ciego de la frase del Presidente. Mide el empleo como si fuera un interruptor, prendido o apagado: tenés trabajo o no lo tenés. Pero el problema de esta época no es solo quedarse sin trabajo. Es trabajar y no llegar. Es tener dos changas en lugar de un empleo. Es no tener aguinaldo en diciembre ni obra social cuando un hijo se enferma.

En la misma charla, Milei admitió que la apertura comercial va a dejar sectores «en la quiebra». Los datos del INDEC muestran por dónde empieza: la industria usó en agosto apenas el 58,5% de su capacidad instalada; la metalmecánica, el 35,9%. En un año, la industria manufacturera perdió 3,8% de sus puestos. Esos eran, justamente, los empleos registrados y con convenio que ahora faltan.

Tampoco ayudó el otro anuncio de Washington. El Presidente aseguró que el riesgo país «sigue cayendo día a día» y que el año que viene estará debajo de los 100 puntos. Ese mismo jueves, el índice subía por quinta jornada seguida: había cerrado en 579 el viernes anterior, tocó 640 a la mañana y terminó en 622. Una parte de la suba vino de afuera, por los bonos del Tesoro de Estados Unidos; es justo decirlo. Pero prometer 100 desde 622 es pedirle una caída de 84% a un número que esta semana fue para el otro lado. Y el FMI, el socio más fiel del programa, acaba de bajar su proyección de crecimiento para este año de 3,5% a 2,1%.

Mi lectura es que el Gobierno no miente cuando dice que hay menos desocupación que en otras crisis. Elige qué mirar. Mira el interruptor y no mira la instalación. Y la instalación se está deteriorando: menos empleo protegido, más informalidad, una parte menor del ingreso para quienes trabajan.

Milei dijo en Washington que su modelo «genera ganadores y perdedores». Fue la frase más honesta de la noche. Los números del INDEC ya nos dicen quién está de cada lado.

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