Hay frases que un diplomático no dice por error. El martes, en Neuquén, ante empresarios del petróleo reunidos por la Cámara de Comercio Argentina-Texas, el embajador de Estados Unidos, Peter Lamelas, explicó por qué el apoyo de su país tiene fecha de vencimiento: «Pusimos el número ese de 2027 porque esa es la elección». Y completó: «Esa plata va a estar lista hasta el 2027 y vamos a ver lo que pasa después».
Lo escribo hoy porque el mismo día Milei llamaba «zurdo ladrón» a Lula, a cinco días del balotaje en Brasil, y a la mañana siguiente le decía «impresentable dictador» a Pedro Sánchez en Madrid. Nos quieren hacer creer que son temas distintos: la inversión por un lado, la pelea ideológica por el otro. Para mí son la misma cosa. Los detalles los cuento en "Algo salió mal", el stream de Data Diario que va de lunes a jueves de 9 a 11 horas por Youtube.
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Lo que se prometió y lo que se firmó
Según La Nación y Perfil, Lamelas habló de hasta US$ 20.000 millones en inversiones y créditos antes del final de 2027. Pero la letra chica importa. El préstamo más grande, hasta US$ 6.000 millones del banco de exportaciones estadounidense (EXIM) para el proyecto Argentina LNG, es una propuesta «indicativa y no vinculante», que todavía tiene que aprobar su directorio. La agencia de financiamiento al desarrollo (DFC) estudia cinco proyectos por casi US$ 10.000 millones, y nadie aclaró si están dentro de los 20.000 o se suman.
Es decir: una promesa sin firma, con fecha de elección. Y una condición explícita para después: el financiamiento sigue «si van en el rumbo que es correcto, el rumbo hacia la derecha, no hacia la izquierda».
Ya lo vimos en 2025
No es nuevo. El 14 de octubre de 2025, en la Casa Blanca y con Milei al lado, Donald Trump dijo: «Si pierde, no vamos a ser generosos con la Argentina». Los bonos cayeron ese mismo día. El 20 de octubre, seis días antes de las legislativas, el Banco Central y el Tesoro de Estados Unidos firmaron el swap por hasta US$ 20.000 millones.
Entonces el mensaje fue para las legislativas. Ahora es para las presidenciales. Cambia el año, no la lógica: la ayuda llega con la boleta adentro.
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La injerencia de ida
Milei, que celebra cada gesto de Washington como un reconocimiento, hace afuera lo mismo que le hacen acá. En julio, en San Pablo, en el acto que lanzó la candidatura de Flávio Bolsonaro, llamó «basura» a un juez de la Corte brasileña; Itamaraty convocó a nuestro embajador para transmitirle su «repulsa». El martes escribió que esperaba que Lula no intentara «robarse la elección». La Cancillería de Brasil lo calificó de «nuevo e inaceptable intento de injerencia externa».
Brasil no es un país cualquiera para nosotros. Según el INDEC, en septiembre fue el destino que más compró productos argentinos: US$ 1.206 millones, por delante de Estados Unidos y de China. Ahí van autos, alimentos y manufacturas industriales. Detrás hay fábricas, turnos y salarios de acá.
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Todo indica que el Gobierno confunde alineamiento con política exterior. Una cosa es tener buena relación con Estados Unidos; otra es aceptar que un embajador diga en público que el crédito depende de hacia dónde votemos. Y una cosa es tener ideas; otra es insultar al presidente de nuestro principal cliente en la semana de su elección.
Lamelas no dijo «voten a Milei». No hacía falta. Cuando el que pone la plata explica que eligió la fecha porque «esa es la elección», el mensaje llega solo.
La soberanía no es una bandera para los actos. Empieza en el cuarto oscuro. En 2027 votamos nosotros, y un país que vota con miedo a perder un préstamo ya no elige: obedece.