Milei le entregó todo a Trump: en Malvinas, el presidente estadounidense eligió Londres

Estados Unidos pidió en la ONU terminar con el Comité de Descolonización, el foro donde la Argentina reclama cada año por Malvinas. Llega en la misma semana en que el Reino Unido amenaza con vetar nuestro ingreso a la OCDE, Chile oficializa una ruta de barcos a las islas y dos enviados de Trump aterrizan en Buenos Aires.

Lunes, 19 de octubre de 2026 a las 13 46

El jueves 15 de octubre, en la Cuarta Comisión de la Asamblea General de las Naciones Unidas, el representante de Estados Unidos dijo que el Comité Especial de Descolonización «sobrevivió a su propósito original», que repite los mismos textos todos los años y que gasta tiempo y recursos en viajes. Y pidió terminar con su mandato. Lo escribo hoy porque esa oficina, que a Washington le parece un gasto, es la ventanilla donde la Argentina presenta cada junio su reclamo por Malvinas. La pasaron Diana Mondino en 2024, Gerardo Werthein en 2025 y Pablo Quirno este año. Es uno de los pocos lugares del mundo donde la causa tiene un expediente abierto.

Conviene ser preciso, porque la precisión es lo que nos separa de la propaganda. La propuesta estadounidense es general: apunta a todo el Comité, no a Malvinas. El comunicado oficial de la ONU no nombra las islas. Y solo la Asamblea General puede cerrar el Comité, donde no hay veto. No es una sentencia. Es una señal. Y las señales, en política exterior, se leen en serie. Los detalles los conté en "Algo salió mal", el stream de Data Diario que va de lunes a jueves de 9 a 11 horas por Youtube.

 

LA SERIE

El 31 de agosto, en el Salón Oval, le preguntaron a Donald Trump por la neutralidad de su país sobre Malvinas. Contestó, según Reuters: «Siempre reviso todas las posiciones. Esta es apenas una entre muchas». No dijo nada más. Al día siguiente, Javier Milei habló en la radio de «algo muy fuerte respecto a la causa más importante y sagrada que tenemos los argentinos». El 3 de septiembre hizo una cadena nacional y anunció sanciones contra las petroleras del proyecto Sea Lion, que pretende sacar petróleo de la cuenca norte de Malvinas a partir de 2028.

El 22 de septiembre, en Nueva York, Trump recibió al primer ministro británico, Andy Burnham. Burnham salió diciendo: «La posición es clara: permaneceremos firmes ante cualquier amenaza». Según Infobae, después de esa reunión Trump dejó de lado la idea de mediar. Y el 15 de octubre llegó el pedido de cerrar el Comité. Ese mismo día, en la misma comisión, se votó una resolución sobre las actividades económicas que afectan a los pueblos de los territorios no autónomos: quién explota sus recursos. Hubo 163 votos a favor y dos en contra, Estados Unidos e Israel. El Reino Unido se abstuvo. La resolución no habla de Malvinas, pero habla exactamente de lo que pasa en Malvinas.

¿Y nosotros qué votamos? En esa resolución, la Argentina no figura entre los que votaron en contra ni entre los que se abstuvieron, y el año pasado votó a favor. Pero ese mismo día se abstuvo en otra: un proyecto impulsado por Rusia contra «las formas contemporáneas de colonialismo», aprobado por 85 votos contra 49. Brasil, México y Uruguay lo acompañaron. El texto cuenta las sanciones económicas unilaterales como una forma de colonialismo y, según El Cronista, el Gobierno temía que Londres lo usara contra nuestras sanciones a Sea Lion. Es un argumento atendible. Pero nadie lo dijo en público. La única respuesta oficial fue la del canciller a Carlos Bianco, que había criticado el voto: «No puede manejar una provincia, mirá si va a entender de política internacional». Tres semanas antes, en la Asamblea General, Milei había dicho que la libre determinación «existe para liberar a los pueblos colonizados, no para consagrar situaciones derivadas de la colonización». Cuando el discurso y el voto no coinciden, el primero que toma nota es Londres.

Mientras tanto, Londres pasó a la ofensiva. Según La Nación, el Foreign Office estudia oponerse al ingreso argentino a la OCDE y al tratado comercial del Pacífico, el TIPAT, porque nuestra conducta «plantea interrogantes muy serios sobre su confiabilidad como socio». A los países del TIPAT les vendimos más de 16.000 millones de dólares el año pasado, según la Cancillería. Y el sábado, con el embajador británico presente, se oficializó en Punta Arenas una ruta de barcos a Puerto Argentino. El primer viaje sale en diciembre.

 

LO QUE HIZO BIEN EL GOBIERNO, Y LO QUE NO ENTIENDE

Lo digo sin vueltas: sancionar a las petroleras y llevar el caso al Tribunal Internacional del Derecho del Mar, en Hamburgo, son pasos correctos. Defienden recursos que son nuestros y usan las herramientas del derecho internacional. No tengo problema en reconocerlo.

El problema es otro. Milei construyó toda su política exterior sobre una idea: si la Argentina se alinea sin condiciones con Washington, Washington va a devolver el gesto. Seguimos a Estados Unidos fuera de la Organización Mundial de la Salud, copiamos sus discursos, recibimos el swap y el apoyo ante el FMI. Pero la amistad entre países no funciona como entre personas. Funciona por intereses. Y en el Atlántico Sur, el interés de Estados Unidos tiene nombre: una base militar británica en Malvinas y un socio de la OTAN que la sostiene. Mi lectura es que Washington hizo esa cuenta y que nuestra lealtad no entró en la suma.

No es la primera vez. En 1982, la dictadura también creyó que su sociedad con Washington iba a pesar más que la alianza atlántica. Los militares argentinos colaboraban con el gobierno de Ronald Reagan contra el sandinismo y las guerrillas de Centroamérica, y el canciller Nicanor Costa Méndez apostó a esa afinidad. El 30 de abril, después del fracaso de la mediación de Alexander Haig, Estados Unidos anunció su apoyo a la posición británica y suspendió la ayuda militar y económica a la Argentina. Una semana después acordaba con Londres el material militar que le pedía. No comparo gobiernos: comparo el error. Creer que el alineamiento con Washington nos acerca a Malvinas ya nos costó demasiado una vez.

Esta semana llegan a Buenos Aires el subsecretario de Estado Christopher Landau y Juan Pablo Segura, a cargo del Hemisferio Occidental, con Malvinas en la agenda. Se espera que Quirno les plantee el rechazo a la propuesta sobre el Comité. El Presidente, en cambio, se va esta noche a España, a hacer campaña con la ultraderecha. El miércoles, en Diputados, el proyecto oficial de defensa de la soberanía sigue trabado en comisión.

La causa Malvinas sobrevivió a dictaduras, a derrotas y a gobiernos de todos los colores porque nunca dependió de la simpatía de una potencia. Dependió de nosotros: de la diplomacia paciente, de los votos de América Latina y de un expediente que no se cierra. Una causa nacional no se terceriza. Ni siquiera en el mejor amigo.

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