Septiembre en rojo: Argentina se está derrumbando y Milei discute con el termómetro

Las acciones perdieron 7,5% en dólares durante septiembre y el riesgo país subió casi 100 puntos. Pero detrás de las pantallas financieras hay una crisis más profunda: ingresos que no alcanzan, retroceso productivo y pérdida de empleo. La espiral del empobrecimiento no se detiene desacreditando las estadísticas.

Jueves, 01 de octubre de 2026 a las 12 47

Septiembre terminó con las acciones argentinas en rojo y otro salto del riesgo país. Según el cierre informado por Noticias Argentinas, el mercado accionario perdió 7,5% en dólares durante el mes y el indicador de riesgo sumó casi 100 puntos básicos. Pero el problema no está solamente en la Bolsa. Está en el bolsillo, en el comercio, en la fábrica y en la mesa familiar.

El domingo 27 de septiembre, entrevistado por Luis Majul, Javier Milei dijo que los indicadores de actividad “están arrojando cualquier cosa”. Sobre el desempleo, sostuvo: “No tenemos un problema”. La respuesta resume una manera de gobernar: cuando los números contradicen el discurso, se discuten los números. El trabajador que perdió el sueldo queda afuera de la explicación.

Argentina se está derrumbando. Lo que se deteriora es la posibilidad de sostener una vida con el trabajo: pagar lo indispensable, comprar alimentos, mantener abierto un negocio, producir y cumplir con las deudas. No es la historia de una rueda bursátil desafortunada. Es una secuencia que vuelve a golpear sobre quienes ya venían perdiendo.

 

LA ESPIRAL EMPIEZA EN EL BOLSILLO

En el primer semestre de 2026, el ingreso familiar promedio por persona subió 11,5% frente al semestre anterior. La canasta de alimentos aumentó 21,4% y la canasta básica total, 19,6%, según el INDEC. El dinero que entra creció mucho menos que el costo de cubrir las necesidades básicas. Esa diferencia no se paga con optimismo.

El deterioro tiene otras expresiones. CEPA estima que el salario mínimo perdió 40,8% de su poder de compra entre noviembre de 2023 y septiembre de 2026. Para el primer semestre del año, el mismo centro de estudios calcula una caída real de 2,7% en el RIPTE, una referencia salarial del empleo registrado, y de 3,5% en la jubilación mínima con bono respecto del semestre anterior.

Cuando los ingresos quedan atrás, la familia recorta. Lo que deja de comprar se convierte en una venta perdida para otro. Por eso el deterioro del salario y la jubilación no termina en quien cobra: se extiende al almacén, al taller, al proveedor y a la fábrica.

En la Ciudad de Buenos Aires, las compras de las familias en mayoristas cayeron 19,4% en el primer semestre frente al mismo período de 2025, según el informe del instituto estadístico porteño difundido por Noticias Argentinas. El sector encadenó diez trimestres de retracción. Los supermercados de la Ciudad tienen 17 bocas de expendio menos que un año atrás. Ni siquiera buscar precio alcanza para sostener el volumen de compras.

 

DEL MOSTRADOR A LA FÁBRICA, DE LA FÁBRICA AL DESPIDO

El retroceso tampoco queda encerrado en el comercio. En julio, la actividad económica cayó 2,9% respecto de junio, descontados los efectos estacionales, y 1,4% frente a un año antes. Dentro de ese resultado del INDEC, el comercio retrocedió 5,1% interanual, la industria manufacturera 4,6% y la construcción 3,3%.

La actividad cayó en cuatro de los seis meses comprendidos entre febrero y julio. Hay rebotes, pero no borran el daño ni convierten automáticamente una mejora parcial en recuperación del trabajo y del bolsillo. El Gobierno tiene que responder por esa persistencia del deterioro, no elegir la comparación que mejor le quede al discurso.

Entre noviembre de 2023 y mayo de 2026, los empleadores registrados bajaron de 512.357 a 481.724: una reducción neta de 30.633, según CEPA sobre datos oficiales. Dentro de esa pérdida hubo 8.408 empleadores menos en comercio y 4.020 menos en industria manufacturera. Se achica la estructura que sostiene producción y trabajo.

Hasta junio, la pérdida de puestos registrados desde noviembre de 2023 llegó a 434.126. La industria manufacturera perdió 105.136 y la construcción, 81.266, de acuerdo con el relevamiento de CEPA. Detrás de cada puesto que desaparece hay un ingreso menos para sostener un hogar y comprar en otros negocios.

La tasa de desocupación pasó de 5,7% al cierre de 2023 a 7,9% en el segundo trimestre de 2026. Son 2,2 puntos porcentuales más: un aumento relativo del 38,6% de la tasa. Frente al mismo trimestre de 2025, también subió, desde 7,6%. Para quienes buscan trabajo y no lo encuentran, el problema no es una discusión televisiva.

 

LA DEUDA NO REEMPLAZA AL INGRESO

Cuando falta plata, el crédito puede postergar el golpe. Pero si el ingreso no se recompone, llega otra obligación sobre el mismo presupuesto: devolver lo prestado y pagar intereses. La salida de este mes puede convertirse en el ahogo del siguiente.

En agosto, la mora del crédito a familias otorgado por proveedores no financieros llegó a 33,9% y acumuló 21 aumentos mensuales consecutivos, según el análisis de 1816 sobre datos del Banco Central difundido por Infobae. Es la proporción de crédito irregular de ese segmento. En los bancos, la mora empresarial pasó de 3,6% en julio a 3,8% en agosto.

La pobreza recoge las consecuencias de ese desajuste entre ingresos y necesidades. Llegó a 32,3% en el primer semestre de 2026, 4,1 puntos más que en el semestre anterior. En los 31 aglomerados urbanos relevados por el INDEC hay 9,7 millones de personas pobres. Entre ellas, 2,2 millones son indigentes: sus ingresos no cubren siquiera la canasta de alimentos.

No alcanza con decir que el contexto internacional complicó las finanzas. Ese contexto existe y puede agravar la situación. Lo que no hace es borrar las decisiones locales ni liberar al Gobierno de responder por los ingresos, el empleo y la producción de la economía que administra.

Menos poder de compra. Menos ventas. Menos producción. Menos trabajo. Más presión de las deudas sobre ingresos insuficientes. Y otra vuelta de la espiral del empobrecimiento.

El Presidente puede discutir el termómetro, pero no puede devolverle el sueldo a un despedido cambiando de indicador. El ajuste de Milei lo pagamos quienes vivimos del trabajo. No tenemos por qué llamar recuperación a nuestro empobrecimiento.

No falla el termómetro. Falla el Gobierno.

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