La seguidilla de lluvias volvió a dejar expuesto el deterioro de la Ruta Nacional 11 en el tramo que conecta el norte de la ciudad de Santa Fe con Recreo.
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La calzada presenta hundimientos, sectores descalzados, baches y pozos de grandes dimensiones. Las precipitaciones también transformaron las banquinas y los accesos laterales en zonas cubiertas de barro y agua.
El problema se concentra especialmente entre Monseñor Rodríguez y Facundo Quiroga, donde los daños obligan a los conductores a reducir la velocidad y realizar maniobras de esquive.
En los momentos de mayor circulación, los vehículos avanzan a paso de hombre y se forman filas de varias decenas de autos, camionetas, colectivos y camiones.
Un corredor clave para el área metropolitana
La Ruta Nacional 11 funciona como una de las principales vías de conexión entre Santa Fe, Recreo y los barrios ubicados en el límite de ambas ciudades.
Por ese sector circulan camiones con acoplado, colectivos urbanos e interurbanos, vehículos particulares, motocicletas, bicicletas y transporte de carga que se dirige hacia la Circunvalación Oeste.
La traza también permite acceder a barrios, fábricas, galpones, comercios e instituciones públicas, por lo que mantiene un flujo intenso durante gran parte del día.
Sin embargo, muchas de las banquinas y calles laterales son de tierra o cuentan con un mejorado pétreo que pierde estabilidad después de las lluvias. Esta situación reduce las posibilidades de maniobrar ante los pozos y aumenta el riesgo de despistes y choques.
Reparaciones que no solucionan el problema
El deterioro del corredor no es nuevo. A lo largo de los últimos años se realizaron intervenciones parciales, pero los daños reaparecieron después de cada período de lluvias intensas.
Vialidad Nacional, organismo responsable de la ruta, ejecuta ocasionalmente tareas de bacheo, mantenimiento y corte de vegetación. Sin embargo, los trabajos no lograron resolver los problemas estructurales de la calzada.
Vecinos y conductores reclaman una reparación integral que incluya el pavimento, las banquinas, los desagües y los accesos a los barrios de la zona.
La posibilidad de que aumenten las precipitaciones durante los próximos meses genera preocupación por un mayor deterioro y por las dificultades para circular en un corredor metropolitano estratégico.
Un semáforo que agrava la congestión
Otro de los puntos conflictivos se encuentra en la intersección de Monseñor Rodríguez y la Ruta 11, donde funciona un semáforo cuestionado por conductores y vecinos.
En sus inmediaciones confluyen una escuela, una comisaría, un centro de salud municipal, un supermercado mayorista, una parada de colectivos y los accesos a los barrios Cabaña Leiva y Nuevo Horizonte.
A ese movimiento se suma el tránsito pesado que circula hacia la Circunvalación Oeste, lo que convierte a la intersección en un embudo.
El dispositivo permanece durante buena parte del día en modo intermitente y, cuando funciona de manera completa, las condiciones de la calzada y la falta de banquinas dificultan los giros, ingresos y egresos.
La combinación de pozos, barro, tránsito intenso y problemas de ordenamiento mantiene el riesgo vial en un tramo que requiere una intervención de fondo.
