La Patagonia argentina atraviesa horas críticas debido a una emergencia forestal de gran escala que azota a la provincia de Chubut. La combinación de temperaturas extremas y vientos secos ha intensificado los focos ígneos en diversos puntos, obligando a las autoridades a disponer la evacuación preventiva de familias rurales y habitantes de pequeñas comunidades. Hasta el momento, el impacto es devastador: solo en la zona del Parque Nacional Los Alerces la superficie afectada supera las 10.000 hectáreas, mientras que a nivel provincial la cifra asciende a más de 30.000 hectáreas.
La situación se tornó dramática durante la noche del miércoles, cuando el fuego avanzó sobre sectores vulnerables. Familias residentes en Villa Lago Rivadavia debieron abandonar sus hogares para refugiarse en la Escuela 103 de la localidad, ante la cercanía de las llamas en la zona de la Portada Norte. El avance del incendio principal cruzó la línea de la laguna Froilán y se desplazó hacia Villarino, afectando diagonalmente el sector de La Momia y alcanzando las inmediaciones de Cholila.
El desafío técnico y climático
Más de 170 brigadistas y personal especializado trabajan en el terreno bajo condiciones de extrema dificultad. La topografía compleja de la zona ha limitado, por momentos, el uso eficiente de la flota aérea compuesta por siete helicópteros y cuatro aviones hidrantes. El comando unificado, integrado por autoridades de Parques Nacionales y la Agencia Federal de Emergencias, monitorea constantemente el comportamiento del fuego.
Desde la administración del parque se advirtió sobre el peligro de los fenómenos meteorológicos generados por el propio incendio: “Los factores combinados de meteorología adversa y topografía compleja generan condiciones críticas con probabilidad de formación de columnas convectivas y aparición de pirocúmulos, fenómeno que genera propagación de nuevos focos activos”. Estos "pirocúmulos" son nubes de origen ígneo que pueden generar sus propios rayos y vientos, complicando aún más las tareas de control.
Operativo de asistencia y logística
En paralelo al combate directo, se ha desplegado una red de asistencia para mitigar los daños económicos y sociales. Equipos del INTA y del gobierno provincial iniciaron la entrega de insumos rurales esenciales, como equipos de bombeo, alambrados y materiales de construcción para los damnificados. También se realizan recorridas veterinarias para intentar salvar la mayor cantidad posible de ganado, principal sustento de las familias rurales de la zona.
En cuanto a la movilidad, la seguridad es la prioridad. Actualmente, la Ruta 71 permanece habilitada solo hasta el retén de Bahía Rosales, mientras que la Portada Norte se mantiene cerrada para evitar que civiles ingresen a las áreas de mayor riesgo y para facilitar el despliegue de los vehículos de emergencia.
La lluvia como última esperanza
Tras jornadas de calor agobiante, la mirada de los brigadistas y vecinos está puesta en el cielo. El Servicio Meteorológico Nacional emitió una alerta amarilla por lluvias para este jueves, aunque la probabilidad de precipitaciones se mantiene en un margen de entre el 10% y el 40%. Si bien la posibilidad es baja, se espera que las temperaturas máximas no superen los 23 °C durante la próxima semana, lo que representaría un alivio fundamental.
Tanto los especialistas ambientales como los propios combatientes en la línea de fuego coinciden en que, dada la magnitud de los frentes activos, la llegada de agua es considerada clave para complementar el esfuerzo humano y lograr finalmente sofocar los incendios que están transformando el paisaje del sur argentino.