Cierra el histórico restaurante Santa Evita en Palermo tras la crisis y sus dueños apuntan al Gobierno de Milei

El local funcionará hasta el 30 de septiembre y sus dueños aseguraron que la crisis económica es la responsable del cierre.

Viernes, 28 de agosto de 2026 a las 18 53

Por Ezequiel Bucetto

Viernes, 28 de agosto de 2026 a las 18:53

El restaurante Santa Evita, uno de los espacios más emblemáticos de la gastronomía porteña, anunció su cierre definitivo.

El local de Julián Álvarez 1479, en el corazón de Palermo, funcionará hasta el 30 de septiembre y luego bajará la persiana para siempre.

La noticia la comunicaron sus dueños en redes sociales con un mensaje que mezcla dolor, gratitud y esperanza.

"Sí, compañeros, compañeras. Con muchísimo dolor les contamos que este proyecto, que está por cumplir 8 años y del que ustedes fueron parte fundamental, cierra sus puertas el 30 DE SEPTIEMBRE", escribieron Flor y Gonza, los responsables del local.

El mensaje, que ya circula por redes, resume lo que fue el Santa Evita: un espacio que no solo vendía comida, sino que construyó una comunidad.

"Fueron 8 años difíciles pero hermosos en los que hicimos lo que más nos gusta: dar de comer, hacerle cosquillas a los sentidos", continúa el comunicado. Y agregan: "Como no se puede ser feliz en soledad, y tenemos el deseo de disfrutar mucho este último mes, queremos volver a verlos una vez más".

No era un restaurante común. El Santa Evita había construido una identidad propia en un circuito gastronómico que suele apostar a tendencias efímeras.

Su propuesta combinaba cocina popular argentina con la figura de Eva Perón, la memoria política y la actividad cultural.

En sus mesas convivieron platos tradicionales, referencias a Evita, encuentros políticos y espectáculos de artistas que encontraron allí un lugar para presentarse.

El chef y responsable del local, Gonzalo Alderete Pagés, ya había anticipado las dificultades. "La cocina del pueblo es la más cara de producir", había planteado en una entrevista, señalando la paradoja de que una cocina identificada culturalmente con lo popular no necesariamente resulta barata de producir dentro de un restaurante.

Los costos de materia prima, salarios, alquiler, electricidad, gas, mantenimiento e impuestos no se sostienen solo con el cariño del público.

La despedida ocurre en medio de una crisis que atraviesa a la gastronomía argentina. La combinación de caída del consumo, pérdida de poder adquisitivo, aumento de costos operativos y mayores dificultades para sostener los gastos fijos terminó por asfixiar a un proyecto que, hasta hace unos meses, parecía sólido.

Pero Flor y Gonza no se van sin despedirse como corresponde. Durante septiembre, el Santa Evita tendrá una agenda cargada de eventos: shows del Santa Cultural, la oportunidad de comer por última vez el locro del Gonza, el histórico flan de Flor y otros clásicos. También ofrecerán la posibilidad de llevarse algunos platos a casa para que "estos sabores duren un poco más".

"El Santa Evita cierra pero sigue latiendo en nuestro corazón el deseo de darles de comer, de compartir música, de seguir unidos en comunidad", cierra el comunicado.

Y dejan una puerta abierta: "Ya estamos pensando cómo hacemos para que, en menos de lo que canta un gallo, podamos volver a ofrecerles todo esto y más".

El Santa Evita se va, pero deja una certeza: la cocina popular no se rinde. Ni aunque el gobierno de Milei haga todo lo posible para que desaparezca.

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