Ingenieros del Instituto Tecnológico de Georgia desarrollaron una tecnología que permite la comunicación entre pequeños implantes médicos sin cables, baterías ni antenas. El sistema, denominado SWANS, transmite pulsos eléctricos a través de los tejidos y busca conectar dispositivos que detectan señales del organismo con otros que ejecutan una acción terapéutica. Los resultados, publicados a fines de septiembre de 2026 en la revista Science, corresponden a ensayos con roedores y muestras de tejido animal: su funcionamiento en pacientes humanos todavía no fue validado.
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Los tejidos funcionan como vía de comunicación
La tecnología aprovecha la conductividad del agua y las sales presentes en el organismo para enviar señales entre dispositivos. Según los autores, los pulsos alcanzaron hasta 30 centímetros de tejido, con un alcance más de diez veces superior al de los sistemas Bluetooth dentro del cuerpo y un consumo energético hasta 15 veces menor. El diseño utiliza componentes electrónicos pasivos, que permanecen prácticamente inactivos hasta recibir el patrón eléctrico que activa una respuesta. Esa arquitectura permitió fabricar implantes de menos de tres milímetros, aptos para introducirse mediante una aguja calibre 16, y reducir la necesidad de instalar componentes voluminosos.
En una de las pruebas, el equipo colocó dos implantes en extremidades opuestas de una rata. Uno detectó el movimiento de las patas delanteras y envió una señal al otro, que activó la estimulación del nervio ciático en una pata trasera. Así, el circuito reprodujo parte del patrón de marcha del animal sin intervención externa. Los investigadores también evaluaron conexiones en otras regiones, incluido el interior del estómago, y señalaron que no detectaron daños en los tejidos durante los ensayos. El proyecto fue encabezado por Ramy Ghanim, estudiante de doctorado de Georgia Tech, con especialistas de esa institución y colaboradores del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT).
Qué falta para aplicarlo en marcapasos y prótesis
La posibilidad de ubicar cada dispositivo donde resulte más útil es una de las aplicaciones que destacó Alex Abramson, profesor de Georgia Tech y autor principal del trabajo. Según explicó, un sensor podría registrar una señal biológica en una zona y comunicarse con un implante encargado de administrar una terapia en otra, sin conexión física ni necesidad de alineación entre ambos. Los investigadores plantean posibles usos en bombas de insulina, marcapasos, neuroestimuladores y prótesis. También estimaron que un actuador utilizado una vez al día podría funcionar cerca de un año antes de requerir reemplazo, aunque esa proyección depende del consumo calculado por el equipo.
El paso hacia la medicina clínica exige comprobar si la comunicación mantiene su desempeño en un organismo de mayor tamaño y complejidad. Las diferencias en las capas de grasa, músculo y otros tejidos humanos pueden alterar la propagación de los pulsos y afectar la calidad de las señales. Por eso, los resultados en animales no permiten dar por demostrada su seguridad ni su eficacia en personas. Antes de una eventual aplicación, SWANS deberá superar nuevas evaluaciones y años de ensayos. Por ahora, el avance ofrece una vía experimental para coordinar implantes diminutos y reducir el tamaño de los sistemas de comunicación utilizados en la medicina bioelectrónica.
