Lo que pasó hace unos días en el Teatro Coliseo no fue un recital más en la agenda porteña; fue, llanamente, una reparación histórica. Después de décadas de verlos por televisión o escucharlos en CD, Argentina pudo saldar una cuenta que venía pendiente desde los años noventa con The Cardigans. Tener a la banda por primera vez en el país generó una mística especial en el aire, esa sensación de que estábamos ante un evento que se hizo esperar demasiado pero que, finalmente, estaba sucediendo con la fuerza de un debut soñado.
Apenas arrancaron los primeros acordes, quedó expuesta esa naturaleza engañosa que los hace únicos: The Cardigans es una banda que parece pop pero es bien rockera. Si bien muchos llegaron esperando la dulzura de sus melodías más radiales, se encontraron con una pared de sonido donde las saturaciones de bajo y las guitarras con distorsiones orgánicas dejaron claro que la bnada tiene más de banda de garage que de laboratorio de hits. Esa dualidad entre la voz angelical de Nina y la crudeza rockera de los instrumentos es lo que les da esa sofisticación que muy pocos grupos de su camada logran conservar hoy en día.
Por si no fuera más clara esta idea que planteo, la misma banda se encarga de demostrarlo con su repertorio. No cualquiera se anima a meter covers de Black Sabbath en medio de un setlist plagado de canciones que rotaron en todas las radios del mundo. Pero ellos lo hacen con una naturalidad increíble: tocaron Iron Man con una densidad que te hacía olvidar por un momento que estabas viendo a los autores de "Lovefool". Incluso en el cierre, se dieron el lujo de meter un fragmento de Sweet Leaf, también de Sabbath, para finalizar la noche. Esa capacidad para transitar entre el indie pop más delicado y el rock pesado es su sello distintivo que solamente quienes disfrutamos con intensidad su discografía podemos ver.
A diferencia de lo que pasa otros países, donde la gente suele quedarse en su lugar apreciando la técnica, en el Coliseo el público no se sentó en ningún momento porque la música invitaba a más. Desde la primera fila hasta la última bandeja, la gente estuvo de pie y saltando, empujada por una lista de temas que no te dejaba respiro. Fue tal la intensidad que tanto Nina como Magnus Sveningsson se mostraron sorprendidos del público argentino y su energía, cruzando con nosotros miradas de asombro y sonrisas cómplices cada vez que el agite de la gente tapaba casi por completo los instrumentos.
Uno de los momentos más delirantes de la noche se dio con los clásicos. El público se agitó tanto que hizo de "Carnival" un verdadero himno de cancha. Fue increíble ver cómo una canción que originalmente suena a pop sueco refinado se transformaba en una verdadera experiencia intensa que los suecos parecían experimentar por primera vez. La conexión cultural tuvo su punto más alto con el homenaje a Violeta Parra, donde la interpretación de Gracias a la vida (en una mezcla de sueco y español).
Nina Persson nos demostró por primera vez su increíble magnetismo que siempre la caracterizó. Con un minimalismo elegante se adueñó del escenario usando solo su carisma y esa voz que parece no haber sentido el paso del tiempo. Incluso ante la inmensidad del Coliseo, logró que el show se sintiera íntimo y gigante. Al final, después de una noche cargada de emociones y distorsión, la sensación entre la gente que bajaba por la calle Marcelo T. de Alvear era unánime: solo queda esperar su regreso y que no sea nuevamente una larga espera.
El Setlist: Teatro Coliseo 2026
-
Your New Cuckoo
-
Daddy's Car
-
Sick & Tired
-
Travelling With Charley
-
And Then You Kissed Me
-
You're the Storm
-
Live and Learn
-
For What It's Worth
-
Gracias a la vida (Cover de Violeta Parra)
-
Beautiful One
-
Communication
-
Iron Man (Cover de Black Sabbath)
-
Lovefool
-
Carnival
-
I Need Some Fine Wine and You, You Need to Be Nicer
-
Paralyzed
-
Erase/Rewind
-
Hanging Around
-
My Favourite Game (Cierre con el guiño final a Black Sabbath con el snippet de Sweet Leaf).
