El asado, ese ritual que definía la identidad argentina durante generaciones, se está convirtiendo en un lujo que pocos pueden pagar.
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Los números del último informe de la Cámara de la Industria y Comercio de Carnes y Derivados (CICCRA) no dejan lugar a dudas: el consumo de carne vacuna en el mercado interno cayó 12% en julio, consolidando una tendencia que ya lleva varios meses y que no muestra signos de revertirse.
En los primeros siete meses del año, se destinaron 163.400 toneladas menos de carne al consumo interno. El promedio por habitante se ubicó en 46,3 kilos anuales, una cifra que marca un descenso de casi 20 kilos respecto a los niveles registrados durante la megacrisis de 2001.
Dicho de otra forma: los argentinos comen hoy menos carne que en el peor momento de la historia económica reciente del país.
El asado, un lujo para pocos: el consumo de carne cayó 12% en julio
La razón es simple y no necesita demasiada explicación: la carne aumentó mucho más que los salarios. Mientras los trabajadores vieron sus ingresos crecer un 35,9% interanual, los cortes vacunos se encarecieron un 52% en el mismo período.
El cuadril subió 53,6%, la carne picada común 53,5%, el asado 52,1%. Las hamburguesas congeladas, ese producto que solía ser una alternativa económica, se dispararon un 60,7%.
Mientras tanto, el negocio de la carne parece irle bien a otro sector: el de los exportadores. Las ventas externas crecieron 8,8% en los primeros siete meses del año, con un récord de facturación de US$2.167,75 millones, 45,9% por encima del mismo período del año anterior.
La carne que antes llegaba a la mesa de los argentinos ahora se va en contenedores a China, a Estados Unidos, a Europa. El gobierno celebra los dólares que entran, mientras los platos de los argentinos se vacían.
La dinámica es perversa: el país produce menos carne (6,8% menos que en 2025), exporta más y el mercado interno se queda con lo que sobra.
El resultado es un círculo vicioso donde los precios suben, el consumo baja, los salarios no alcanzan y la gente come menos carne o la reemplaza por pollo (que también subió 22,9% en el último año, mucho menos que la vacuna, pero igual).
El informe de CICCRA muestra que incluso los cortes más baratos, esos que solían ser el refugio de las familias de menores ingresos, están subiendo. En el AMBA, la falda subió 1,2%, el osobuco 2% y la paleta 1,2%. No hay escapatoria.
El ajuste, ese que el gobierno de Javier Milei defiende como el único camino posible, llegó a la mesa de los argentinos. Y no se está comiendo el gasto público: se está comiendo el asado de los domingos, la comida de los días de semana, la alimentación de las familias.