El sector de la construcción no puede con la motosierra. En abril, la actividad se desplomó un 4% (medido desestacionalizado). Es el peor retroceso mensual desde marzo de 2025.
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El dato, difundido por el INDEC, golpea justo cuando el gobierno de Javier Milei celebraba la baja de la inflación. Afuera, en la economía real, los escombros se acumulan.
La construcción es un termómetro infalible del ánimo inversor. Y el termómetro está bajo cero. La caída del 2,8% interanual confirma que el sector no logra reactivarse.
El primer cuatrimestre del año aún muestra una suba del 2,1% frente a 2025, pero la dinámica mensual es alarmante: después de un marzo tibio, abril volvió a hundirse.
Abril fue el mes más negro para la construcción en la era Milei: el sector se derrumbó 4%
El economista Santiago Casas, de EcoAnalytics, explica el fenómeno sin vueltas: “El deterioro de la demanda doméstica se explica por el deterioro del crédito. La fuerte suba de encajes bancarios en 2025 elevó las tasas de interés reales y frenó el crédito”. En otras palabras: sin financiamiento, no hay obra.
Los números de los insumos son lapidarios. Los mosaicos graníticos y calcáreos se desplomaron 18,9%. El yeso cayó 17,5%. El asfalto, 15,5%. El cemento portland, el indicador más sensible, se derrumbó 12,7%.
También retrocedieron el hormigón elaborado (-10,2%) y los ladrillos huecos (-6,3%). O sea: nada se mueve.
El panorama a futuro es aún más desolador. El INDEC relevó las expectativas de las empresas. Entre las dedicadas a obras privadas, el 75,5% cree que la actividad no va a cambiar entre mayo y julio.
Un 15,1% espera que caiga aún más. Solo el 9,4% vislumbra una mejora. En la obra pública, el pesimismo es récord: uno de cada cuatro empresarios anticipa una baja.
Consultadas sobre los principales frenos, las firmas señalaron la caída de la economía, los altos costos de construcción y los problemas en la cadena de pagos. El crédito no aparece, la incertidumbre electoral de 2027 ya empieza a pesar y la motosierra sigue cortando.