La Argentina volvió a quedar en el centro de la polémica internacional tras votar en contra de una resolución de la Organización de las Naciones Unidas, en la que se buscaba declarar la esclavitud africana como el crimen más grave contra la humanidad.
Te puede interesar
La decisión no solo generó rechazo, sino que además se suma a una serie de posicionamientos recientes que vienen dejando al país en los márgenes de la comunidad internacional.
La iniciativa, impulsada por países africanos y del Caribe, fue aprobada por una amplia mayoría: 123 votos a favor, 52 abstenciones y apenas tres rechazos.
Entre esos pocos votos negativos apareció Argentina, junto a Estados Unidos e Israel.
Otra vez en soledad: Argentina votó contra una resolución sobre la esclavitud
El proyecto apuntaba a reconocer el impacto histórico de la trata transatlántica de personas esclavizadas y reforzar los reclamos de memoria, justicia y reparación.
En ese contexto, el rechazo argentino comandado por Milei no pasó desapercibido y volvió a generar críticas sobre el rumbo de la política exterior.
El Gobierno argumentó razones técnicas y legales para explicar el voto, entre ellas el rechazo a establecer jerarquías entre crímenes de lesa humanidad y el impacto en eventuales reparaciones. Aun así, las críticas continuaron.
La inusual posición que viene mostrando la Argentina en la ONU
El episodio no es aislado. En los últimos meses, Argentina acumuló una serie de votaciones controvertidas en la ONU que marcaron un giro respecto de su histórica posición en temas de derechos humanos.
En marzo de 2025, el país ya había quedado en soledad al rechazar la creación del Día Internacional de la Coexistencia Pacífica, una iniciativa respaldada por más de 160 naciones.
Meses más tarde, en junio de ese mismo año, volvió a alinearse con Estados Unidos e Israel al votar en contra de un pedido de alto el fuego en Gaza, aprobado por una mayoría abrumadora en la Asamblea General.
La tendencia se profundizó en septiembre de 2025, cuando la Argentina rechazó una resolución que promovía la solución de dos Estados entre Israel y Palestina, nuevamente en contra del consenso mayoritario.
Ya hacia fin de ese año, también votó en contra de iniciativas vinculadas a derechos humanos, como resoluciones sobre la autodeterminación palestina o incluso la condena a la tortura, decisiones que la dejaron en un grupo muy reducido de países.
En 2026, el patrón se mantuvo: el país rechazó una resolución para poner fin al embargo sobre Cuba, acompañando otra vez a un puñado de naciones.