La semana comenzó con un grupo de oficiales, en actividad o no, de la policía bonaerense rodeando la quinta de Olivos. El conflicto escaló, principalmente, porque una fuerza de seguridad, que no está aprobada para sindicalizarse -debate necesario a futuro-, decidió arbitrariamente protestar con sus armas en la cintura a metros del presidente. Los recuerdos de las peores épocas de Argentina elevaron la tensión por unas horas.

El desgaste salarial de la policía bonaerense viene de años. El reclamo por mejores condiciones de trabajo era justo. Algo en lo que coincidió todo el espectro político. Lo cierto es que la forma de reclamar generó un rechazo social, que es influenciado por el crecimiento en la inseguridad, los casos de gatillo fácil y violencia institucional, y la muerte en una situación todavía poco clara de Facundo Astudillo Castro.

Durante esa escena, en la que un "vocero" acusado por tráfico de drogas y militante de Cambiemos en sus redes sociales, dijo que quería que Alberto Fernández salga a discutir con ellos a la calle y rechazó su invitación de dialogar en la quinta porque no lo dejaban entrar las cámaras, la pregunta era por qué seguían ahí si ya les habían prometido un aumento. Y por qué estaban en Olivos y no en La Plata, de donde salen las decisiones para esa fuerza. "Se les fue de las manos el rechazo, no entienden por qué están Baby Etchecopar y Juan Carlos Blumberg ahí con ellos", reflexionaba un dirigente del oficialismo.

Sin embargo, el rechazo de todos los partidos políticos -entre los que se ausentó, sin embargo, un gesto del ex presidente Mauricio Macri- y los anuncios de aumentos que serían otorgados al recuperar el punto de coparticipación que la gestión anterior le había quitado a la provincia para dárselo a la Ciudad de Buenos Aires, mitigaron a los más radicalizados en el reclamo. La discusión a futuro será si habrá sumariados o no, y cómo resolverán los conflictos emergentes en el resto de las provincias.

¿Es casual que el conflicto de años haya llegado justo ahora, en plena pandemia? Un mal pensado podría creer que hay un sector opositor fogoneando estas manifestaciones. La ex asesora de Patricia Bullrich en el ministerio de Seguridad, Florencia Arietto, había sugerido "malestar" policial. Lo que le costó a la oposición defender las instituciones y la democracia, al menos con un tweet, parece alimentar esa teoría.

Juntos por el Cambio está dispuesto a tensionar al máximo con el gobierno. Lo había demostrado hace unas semanas cuando hizo un show mediático en la Cámara de Diputados. Las "palomas", o "el ala dialoguista", quedan cada vez más aisladas, absorbidas, por el sector que encabezan Macri, Bullrich, Elisa "Lilita" Carrió, Fernando Iglesias y Waldo Wolff. Un detalle: hay quienes dicen que este último es el que filtró en esa sesión el teléfono personal de la familia de Sergio Massa para que lo hostiguen. 

Lo cierto es que este panorama dañó, casi de forma irreparable, la relación entre Alberto Fernández, el gobernador Axel Kicillof, y el Jefe de Gobierno porteño, Horacio Rodríguez Larreta. "Él no podía no reaccionar, por la decisión del oficialismo y por la presión interna. Lo llevaron al ring", sugerían en la Ciudad. Hay que ver cómo sigue esta necesaria asociación, principalmente para que traten la pandemia de una forma razonable y que no se desborde el sistema de salud por un conflicto político. Algo que lograron hasta ahora pero que despertó interrogantes tras la presentación en la Corte Suprema de Justicia de la Nación de Larreta para impugnar el traslado de fondos anunciado. Lo considera "inconstitucional", no como cuando pasó al revés y la decisión de Macri -también por decreto- le pareció bien. 

El ex presidente, un poco porque vio la oportunidad y otro poco porque no quiere liberarle la correa a Larreta para que surja como el líder de la oposición -puesto que no quiere ceder-, lanzó un comunicado. Allí alimentó posturas anticuarentena, conspiranóicas y acusó al gobierno de avasallar las instituciones. En otras palabras: Macri decidió lanzar su campaña para recuperar el poder. Casualidad o causalidad, esto recién empieza.