Patricia Bullrich  habló otra vez barbaridades, pero esta vez no pasaron. La presidenta del Pro había acusado, sin fundamentos,  al exministro de Salud Ginés González García de pedir coimas al laboratorio estadounidense Pfizer durante la negociación fallida para la compra de vacunas. La denuncia fue realizada en el programa del forro de los servicios, Luis Pirincho Majul, que se emite en la señal de cable La Nación+ Macri. Como jugaba de local, la exministra de Seguridad, promotora del regreso del gatillo fácil, creyó que había salido airosa de esa entrevista sin repreguntas.

Sin embargo, la propia empresa extranjero desmintió a la presidenta del Pro con un comunicado. Por ende, la mayoría de los dirigentes de su misma fuerza política, esta vez, no la pudieron cubrir.

En consecuencia, la gran saltimbanqui de la política argentina tuvo que cambiar su discurso: señaló que no quiso decir coima sino ineficacia. Y continuó sus “aclaraciones” con expresiones muy confusas, en la que no se privó de ensuciar injustamente al kirchnerismo.

Ni aún así, Pato Criollo pudo salir airosa. La refutación de la empresa estadounidense  a sus dichos la dejó al descubierto. Por lo tanto, se le vienen querellas del  presidente Alberto Fernández, Ginés y el área jurídica del Ministerio de Salud. Hasta sus propios compañeros de Juntos por el cambio la evitan.  A ningún político le gusta jugar a la mancha venenosa. La última cagada de Pato huele peor que baño de estación. ¿Esto será el principio del final de su zigzagueante carrera política?.

De montonera a la Bolsonaro con polleras

La madre de Patricia, Julieta Luro Pueyrredón   era una especie de Mariquita Sánchez de Thompson del peronismo de los setenta. Héctor Cámpora, Juan Manuel Abal Medina  y Rodolfo Galimberti se convirtieron en visitantes habituales a la casa de los Bullrich, ubicada en el coqueto Barrio Parque. Su hermana se enamoró de Galimberti y esta historia de amor sumó a Pato a la Juventud Peronista.

 Ya convertida en ahijada política del líder montonero, la Piba Bullrich arrancó su actividad política en una unidad básica de la zona de Abasto. Todo un descubrimiento para una joven de familia tradicional porteña, que pocas veces había ido más allá de avenida Córdoba.

Este hecho bisagra y la irrupción la más feroz de las dictadura en 1976 transformó a la joven Bullrich Luro Pueyrredón en la segunda teniente montonera Carolina Cerrano.

Con esta identidad ficticia, la Piba vivió su exilio por México, España y Brasil. Tuvo una venida clandestina, estando embarazada, a Argentina en 1978. Su regreso definitivo fue a finales de 1982 con la dictadura en retirada.

El regreso de la democracia la encontró en una agrupación  que contenía a quienes habían participado en la Tendencia Revolucionaria del partido: Intransigencia y Movilización Peronista, que era comandada por el caudillo catamarqueño Vicente Leónides Saadi. Al poco tiempo dio su primer salto hacia otro espacio: se plegó a la renovación peronista, liderada por el histórico, Antonio Cafiero.

 Seguidamente, durante 1993, fue elegida diputada nacional de Capital por la lista que apoyaba la gestión presidencial de Carlos Menem. Al poco tiempo, supo leer el desencanto que provocaba en la sociedad el segundo mandato del riojano. Por consiguiente, participó de la formación junto a Gustavo Beliz de Nueva Dirigencia, un conglomerado heterogéneo de dirigentes defraudados con el menemismo como: Néstor Kirchner, Domingo Cavallo y Alberto Fernández.

Sin embargo, los noventa habían convertido a la Bullrich en una persona muy ambiciosa. Aquel espacio no tenía suficiente fuerza para competir en la elección presidencial que se asomaba. Por ende, la chica rebelde de Recoleta realizó otro salto de garrocha, esta vez hacia la Alianza de Fernando de la Rúa, la triunfadora en la comicios presidenciales de 1999. Esta coalición premió la decisión audaz de la dirigente con el Ministerio de Trabajo: una repartición creada en 1949 por la presidencia de Juan Domingo Perón para defender los derechos de los trabajadores. La gestión de la Piba en el organismo es aún recordada como la que les recortó el 13 por ciento de los haberes a jubilados y empleados públicos.

Los ajustes se extendieron por todo el país y provocaron la explosión de diciembre de 2001. Esta crisis de representatividad política la encontró a Bullrich  casi sin  escrúpulos ideológicos. Por tal razón, se presentó como la referente porteña del radical neoliberal, Ricardo López Murphy. En este nuevo lugar solo obtuvo un magro resultado.

Esta derrota le privó a la dirigente multipartidaria saborear el sabor dulce del poder. Por ende, decidió aterrizar en la Coalición Cívica de Lilita Carrió, la principal política opositora al gobierno de los Kirchner. En esta fuerza vuelve a estar en los primeros planos, al ser elegida diputada nacional.

Pero su apetito político había crecido en forma considerable. Entonces realizó su última voltereta política, cuyo destino fue el Pro de Maurico Macri, un dirigente que otras épocas había cuestionado mucho.

El triunfo inesperado de este dirigente en 2015 en las elecciones presidenciales la llevó a un cargo que no esperaba: ministra de Seguridad. Allí hizo todo lo contrario  a lo que representa el garantismo. Premió a los policías gatillo fácil como Luis Chocobar, ocurrieron casos como los de

 Santiago Maldonado y Rafael Nahuel Este último más grave y aún invisibilizado. Todas las pericias comprobaron que Nahuel no murió por un enfrentamiento, sino fue asesinado por la espalda de un disparo efectuado por el Grupo Albatros de Prefectura. Este crimen sigue impune (pregunta ingenua pero necesaria:¿cuándo la Justicia de Bariloche llamará a Patricia Bullrich a declarar por encubrimiento?). Por su parte, Maldonado apareció ahogado en el Río Chubut 77 días después de una represión efectuada por Gendarmería a un grupo mapuche que reclamaban por sus tierras en Esquel. El jefe de gabinete de la cartera Pablo Nocetti dirigió este operativo en el que el artesano fue visto por última vez con vida. Solo nos quedó una foto con su mirada interpeladora, que provoca no renunciar nunca al reclamo de justicia.

No conforme con esto, la ahora hipermacrista encarceló a un tuitero que repetían canticos de cancha contra Macri, se paseo por los medios complacientes señalando que nunca fue montonera y aseguraba que el ex fiscal Alberto Nisman fue asesinado basándose en el guion de una serie de Netflix. Violó la intimidad del ex vicepresidente Amado Boudou al filtrar una filmación e pijama (Uno no quiere imaginarse lo que hubiera sido capaz de hacer si Cristina Kirchner era detenida como reclamaba el sector talibán de Cambiemos).

En conclusión, por estas enormes arbitrariedades se la puede considerar como la peor funcionaria nacional desde que regresó la democracia en país en 1983.

 Por el contrario, hay una porción mínima de la sociedad que apoya las barbaridades que cometió. Es una parte minoritaria pero poderosa y con muchos medios, capaces de multiplicar estos  mensajes de odio. Los analfabetos políticos abundan en la región y por eso personajes como la Bullrich jamás deben ser subestimados.

 El mejor ejemplo para tener en cuenta es Brasil. Después de tener mandatarios que representaron a trabajadores como Lula Da Silva y Dilma Rouseff, nuestro vecino sufre hoy a un neofascista como Jair Bolsonaro.

No se banca más

¿Por qué parte los argentinos, cuyo pensamiento ideológico vira hacia la derecha, la consagró como una referente? ¿En un contexto de normalidad, alguien con estos antecedentes, llenos de incoherencia y fracasos, se puede considerarla dirigenta? ¿Las personas de bien, independientes de su ideología, cómo puede votar a un personaje de estas características? ¿Hasta cuándo los dirigentes de JPC se la van a bancar? ¿En democracia es compatible que el principal partido de la oposición tenga a la Bolsonaro con pollera como presidenta?...

Su última torpeza se sumó a la anterior: canjear el reclamo soberano por las Islas Malvinas por vacunas, que también había despertado repudios numerosos.

En síntesis, ha llegado la hora de que los principales dirigentes del Pro como Horacio Rodríguez Larreta, María Eugenia Vidal o Jorge Macri opten entre tener un partido opositor con cierto contendido democrático  o una coalición del odio dirigida por Patricia Bullrich. Su mal olor ya no se banca más.