Brasil elige y Milei ya nos hizo perder: la pelea que nadie pidió con el socio que no se reemplaza

Este domingo, Brasil vota entre Lula y Flávio Bolsonaro en una elección que define el lugar de Sudamérica en el mundo. La Argentina llega a esa urna peleada con su primer cliente, sin embajador brasileño en Buenos Aires y sin nada para ganar. La ceguera ideológica tiene un costo, y lo pagan las fábricas.

Sabado, 03 de octubre de 2026 a las 13 13

¿Qué gana la Argentina insultando al presidente del país que compra dos de cada tres autos que fabricamos para exportar? Nada. Esa es la respuesta que el Gobierno no puede dar y la pregunta que debería ordenar cualquier análisis de la elección de este domingo en Brasil. No se trata de simpatías. Se trata de fábricas, de empleo y de dólares.

Este domingo, 158,7 millones de brasileños están habilitados para votar. Lula da Silva, de 80 años, busca su cuarto mandato. Enfrente está Flávio Bolsonaro, que compite porque su padre no puede: Jair Bolsonaro fue condenado a 27 años de prisión por el intento de golpe de Estado. La última encuesta de Datafolha le da a Lula 45% de los votos válidos y a Flávio 40%. Si nadie supera el 50%, habrá balotaje el 25 de octubre.

 

Lo que Brasil decide para todos

Brasil no elige solo presidente. Elige qué lugar va a ocupar la región en un mundo que se parte entre Washington y Pekín. Hasta agosto le vendió a China USD 77.000 millones, tres veces lo que le vende a Estados Unidos. Tiene las segundas reservas de tierras raras del planeta, la mayor parte de la Amazonía y una potencia alimentaria que nadie puede ignorar. Por eso las grandes potencias lo disputan.

Lula eligió la autonomía. Brasil es fundador de los BRICS, firmó el acuerdo Mercosur-Unión Europea, negocia con China y discute con Estados Unidos sin arrodillarse. Cuando Trump le aplicó aranceles del 50% en 2025 para presionar por el juicio contra Jair Bolsonaro, Brasil no entregó a su Justicia. Eso es soberanía, no consigna.

Flávio representa lo contrario: el universo de Trump, la revisión del lugar de Brasil en los BRICS y la idea de que un país se defiende alineándose. La historia de nuestra región muestra adónde llevan los alineamientos automáticos. Las relaciones carnales de los noventa no nos hicieron socios de nadie. Nos dejaron endeudados y desindustrializados.

 

Lo que hizo Lula y lo que no muestra Milei

Hay otro contraste que el oficialismo argentino prefiere no mirar. Con Bolsonaro, Brasil volvió al Mapa del Hambre de la ONU. Con Lula salió en 2025, por segunda vez. El desempleo bajó a 5,4%, el más bajo de toda la serie histórica. La pobreza cayó de 31,6% en 2022 a 23,1% en 2024. La economía creció 3,2%, 3,4% y 2,3% en tres años. Y el Gobierno lanzó 100 nuevos institutos federales de educación técnica.

Acá, con Milei, la pobreza llegó a 32,3% en el primer semestre y el desempleo a 7,9%. No lo digo yo: lo dice el INDEC. Mientras Lula abre escuelas técnicas, acá las universidades tienen que marchar para poder funcionar. Ese es el modelo que Milei fue a recomendarle a Brasil.

 

El socio que no se reemplaza

Brasil fue en 2025 el principal destino de nuestras exportaciones: el 14,7% de todo lo que vendimos al mundo, más que China. El intercambio llegó a USD 31.195 millones, el más alto en 13 años. El 64% de lo que le vendemos es industria. Detrás de esos números hay terminales automotrices, autopartistas, pymes proveedoras y miles de trabajadores en Buenos Aires, Córdoba y Santa Fe.

Con ese socio, Milei eligió la tribuna. El 25 de julio viajó a San Pablo al lanzamiento de Flávio y llamó a Lula "ladrón", "presidiario" y "basura socialista". Una semana después redobló: "Lula es un ladrón, es corrupto, y lo liberaron por una falla en el procedimiento". Brasil llamó a consultas a su embajador y bajó el nivel de la relación. Hoy, nuestro principal socio comercial tiene en Buenos Aires solo un encargado de negocios.

No fue un exabrupto aislado. En 2023, Lula impulsó la entrada argentina a los BRICS: "Es muy importante que los hermanos de Argentina estén", dijo. Milei la rechazó por carta apenas asumió. En junio de este año faltó a la cumbre del Mercosur en Asunción, donde se lanzó la negociación con Japón. Y eliminó por su cuenta aranceles a más de 1.600 productos de Estados Unidos, sin pasar por el bloque.

 

Cuarenta años tirados a una tribuna

En 1985, Alfonsín y Sarney firmaron en Foz de Iguazú el fin de décadas de desconfianza. En 1991 nació el Mercosur. Esa alianza sobrevivió a Menem, a los Kirchner y a Macri, porque no dependía de la simpatía entre presidentes. Dependía de algo más sólido: el interés nacional de dos países que se necesitan.

Milei convirtió esa política de Estado en una pelea de redes. Y lo más grave es que ni siquiera tiene algo para ganar. Si gana Lula, tendrá que reparar lo que rompió, desde una posición más débil. Si gana Bolsonaro, Trump tendrá en la región un socio con más de cuatro veces nuestra población y una economía mucho mayor. La Argentina pasaría a ser menos necesaria. Según Infobae, en el propio Gobierno hay quienes lo temen.

 

Los vecinos no se eligen

No le pido a Milei que sea lulista. Le pido que sea presidente de la Argentina. Que entienda que la relación con Brasil no es una cuenta de Twitter ni un acto de campaña ajeno. Es el trabajo de miles de argentinos que fabrican lo que Brasil compra.

Brasil vota por su futuro. En esa urna también se juega parte del nuestro. Un presidente puede elegir a sus amigos. No puede elegir a nuestros vecinos.

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