Brasil no votó solo: Trump, las plataformas y los púlpitos también jugaron la primera vuelta

Flávio Bolsonaro le ganó a Lula por casi dos puntos y el balotaje del 25 de octubre quedó abierto. El resultado no se explica solo por el desgaste de un gobierno: detrás de la boleta jugaron Washington, los dueños de las redes y las iglesias. Y en la Argentina, Milei ya eligió de qué lado ponerse.

Lunes, 05 de octubre de 2026 a las 14 29

¿Cuántas encuestas anticiparon que Flávio Bolsonaro iba a ganar la primera vuelta? Casi ninguna. Datafolha daba a Lula arriba por tres puntos. AtlasIntel, también por tres. Ayer, Flávio sacó el 47% de los votos válidos y Lula el 45,2%. Unos 2,2 millones de votos de diferencia. Brasil va a balotaje el 25 de octubre, y la pregunta no es solo quién ganó. La pregunta es quién más jugó.

El desgaste existe

No voy a hacer lo que hace la derecha cuando pierde: inventar fraudes. El gobierno de Lula tiene responsabilidades propias. Flávio hizo campaña con dos temas, el precio de los alimentos y el crimen organizado, y el oficialismo no logró que los buenos números de la economía se sintieran en la mesa de cada familia. El fraude en el INSS, que salpicó a un hijo del presidente, y la crisis en el Supremo le hicieron daño.

Pero conviene mirar el otro lado de la balanza. Flávio llegó a la elección con el caso Banco Master encima y con un padre condenado a 27 años por intentar un golpe de Estado. Y aun así ganó. Para una parte del electorado, el apellido Bolsonaro no es una mancha. Es una marca.

Trump vota en Brasil

Donald Trump no apoyó a Flávio en público. No hizo falta. Según The New York Times, su gobierno tomó medidas que favorecen indirectamente al candidato de la derecha. En junio, la oficina comercial de Estados Unidos propuso un arancel del 25% a los productos brasileños. Washington sancionó con la Ley Magnitsky al juez Alexandre de Moraes, el mismo que condujo el juicio contra Bolsonaro padre. Y declaró organizaciones terroristas al PCC y al Comando Vermelho, diez días después de recibir a Flávio en la Casa Blanca.

Según Agência Pública, el Departamento de Estado intentó además mandar funcionarios a cuestionar la urna electrónica. Itamaraty les negó las visas. ¿Qué diría cualquier gobierno si Brasil mandara funcionarios a auditar las elecciones de Estados Unidos?

Desde que Trump volvió a la Casa Blanca, candidatos de derecha alineados con Washington ganaron siete elecciones presidenciales en la región. Brasil es la pieza que falta. La doctrina Monroe no necesita marines. Le alcanza con aranceles, sanciones y listas de terroristas.

Los dueños de la conversación

El arancel de Washington se justificó, entre otras cosas, por la regulación de las big tech en Brasil. No es un detalle. Brasil fue uno de los pocos países que se animó a ponerles límites a las plataformas, y ese es el precio.

Antes de la elección, Meta, X y Telegram firmaron con el Tribunal Superior Electoral compromisos contra la desinformación. Agência Pública reveló que los tres incluyeron una cláusula que los exime de cualquier sanción si no cumplen. Los acuerdos de Google y TikTok no la incluyen. El consulado de Estados Unidos en San Pablo, mientras tanto, se reunía con influencers de derecha para hablar de "libertad de expresión".

Los tecnomagnates no votan. Pero deciden qué ve cada votante y qué no. Una elección en la que las reglas valen para todos menos para los que controlan la conversación no es una competencia pareja.

El voto de los templos

Los evangélicos son el 26,9% de la población brasileña. En 2018 fueron la columna del bolsonarismo, y en 2026 volvieron a serlo. El 1 de agosto, Republicanos, el partido ligado a la Iglesia Universal del Reino de Dios, fue el primero del centrão en apoyar a Flávio. Lo preside Marcos Pereira, obispo licenciado de la Universal. Según O Globo, Flávio le ofreció una banca en el Supremo Tribunal Federal. El partido lo negó.

Datafolha midió en julio que, entre las mujeres evangélicas, Flávio tenía el 46% y Lula el 26%. Cuando un púlpito se transforma en comité de campaña, la fe se convierte en un aparato electoral con cobertura territorial que ningún partido puede igualar.

¿Puede Lula darlo vuelta?

Puede, aunque no será fácil. Flávio necesita unos tres puntos para llegar al 50%. Lula necesita unos cinco. El resto de los candidatos sumó cerca del 8%, y la mayoría viene de la derecha. Pero ninguno se pronunció todavía por Flávio: Augusto Cury y Renan Santos dijeron que no apoyan a nadie, y Ronaldo Caiado dijo que lo va a consultar con su partido.

La clave está en otro lado. Ayer no votaron 33 millones de brasileños, el 21% del padrón, la abstención más alta desde 1998, en un país con voto obligatorio. Es quince veces la diferencia entre los dos candidatos. "Soy muy bueno en el mano a mano", dijo Lula. En 2022 le ganó a Jair Bolsonaro el balotaje por 1,8 puntos. Esta vez parte de atrás.

Lo que se juega la Argentina

Brasil es nuestro principal socio comercial y el destino de dos de cada tres autos que exportamos. Milei ya tomó partido por Flávio, como antes había insultado a Lula en un acto de campaña. Si gana Bolsonaro, el eje Trump, Milei y Bolsonaro tendrá a las dos economías más grandes de Sudamérica, con un Mercosur subordinado a Washington. Si gana Lula, Milei tendrá que explicar por qué se peleó con el presidente del país que más nos compra.

En ninguno de los dos casos la Argentina decide. Y esa es la peor noticia: un país que renuncia a pensar su política exterior termina votando en elecciones ajenas.

Brasil no votó solo. El 25 tampoco va a votar solo. La pregunta es si alcanzará con los votos para ganarle a todo lo que juega afuera de la urna.

Las más leídas

Últimas noticias