El Juzgado en lo Correccional N° 6 del Departamento Judicial de San Isidro dictó una sentencia ejemplar que desarticula una compleja trama de corrupción judicial. El juez Hernán Sergio Archelli condenó al ex fiscal Carlos Washington Palacios, a los abogados Tomás Ángel Pérez Bodria y Esteban Mauricio Español, y al testigo César Emiliano Jaunarena por su responsabilidad en una maniobra ilícita destinada a desvirtuar la investigación del violento asalto a la casa de Sergio Massa y Malena Galmarini, ocurrido en julio de 2013 en el partido de Tigre al plantar pruebas falsas.
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La resolución judicial pone fin a una disputa de más de una década que comenzó como un robo con tintes de amedrentamiento político y derivó en un escándalo institucional. El principal beneficiario de la maniobra era Alcides Gorgonio Díaz, integrante de la inteligencia de la Prefectura Naval, quien ya cumplía una pena de trece años de prisión por el asalto. Según acreditó la justicia en este nuevo fallo, entre fines de 2014 y marzo de 2015 se gestó un plan sistemático para instalar una versión apócrifa de los hechos, con el objetivo de desacreditar las pruebas que habían servido para encarcelar al prefecto.
El hecho consistió en la instrumentalización de una denuncia falsa por amenazas presentada por Jaunarena, quien había oficiado como testigo durante los allanamientos originales en las propiedades de Díaz. Bajo el asesoramiento de los abogados Pérez Bodria y Español, Jaunarena construyó un relato falso ante la fiscalía de Pilar y el tribunal oral, afirmando que durante los allanamientos se había secuestrado más dinero que el consignado en las actas y que una persona no identificada ingresó con un bolso al domicilio allanado. Ninguna de esas circunstancias pudo ser corroborada y, por el contrario, las pruebas recolectadas evidenciaron su falsedad.
Estas declaraciones, que resultaron ser falsas tras el cruce de pruebas, buscaban generar una duda que permitiera revisar la situación procesal del condenado y ensuciar la actuación de las fuerzas de seguridad.
La investigación
La pieza clave para desentrañar el pacto de impunidad fue el rol del entonces fiscal Carlos Washington Palacios. La investigación determinó que el funcionario judicial desvió deliberadamente su instrucción para favorecer a Díaz en lugar de investigar las supuestas amenazas.
La coordinación entre el fiscal, los abogados y la familia del prefecto quedó sellada mediante registros de llamadas telefónicas y grabaciones de conversaciones. Incluso el comisario Gabriel Natiello testificó que Palacios y Pérez Bodria intentaron presionarlo para que modificara su declaración testimonial antes del juicio oral, una de las faltas más graves para un magistrado.
Las consecuencias para los involucrados fueron severas tanto en el plano administrativo como en el penal. Palacios ya había sido destituido por unanimidad por el Jurado de Enjuiciamiento en 2019 tras acreditarse su mal desempeño. Ahora, la sentencia penal le impuso una pena de seis años de prisión y doce de inhabilitación especial para ejercer cargos públicos.
Por su parte, los letrados Pérez Bodria y Español recibieron cinco años de cárcel e inhabilitación profesional, mientras que el testigo Jaunarena fue sentenciado a cuatro años de prisión efectiva. El juez Archelli subrayó la gravedad institucional del hecho, destacando el uso del aparato del Estado para fines delictivos.
Tras conocerse el veredicto, Malena Galmarini se pronunció a través de sus redes sociales destacando que, después de trece años de operaciones y ventajas políticas, la verdad finalmente salió a la luz. La sentencia representa un precedente significativo en la provincia de Buenos Aires al castigar de forma directa la colusión entre fiscales y defensores privados para manipular expedientes judiciales.
El fallo no solo ratifica la condena original contra el agente de inteligencia Gorgonio Díaz, sino que expone los mecanismos de protección que ciertos sectores del sistema judicial intentaron activar para resguardar a un integrante de las fuerzas de seguridad vinculado al espionaje.