Milei está knock out y los mercados ya cobraron la apuesta

Milei le hipoteca el subsuelo a los pibes que todavía no nacieron para que Caputo pueda pagar los vencimientos que él mismo generó. Y los medios le llaman "confianza de los inversores".

Miércoles, 19 de agosto de 2026 a las 15 20

Milei está knock out. No es una metáfora, no es un deseo de la oposición, no es un invento mío: son los números, los mercados y los propios funcionarios los que lo están diciendo. En una semana el riesgo país saltó más de 150 puntos, tocó los 511 puntos básicos y los bonos argentinos en dólares se hundieron un 1,7% en un solo día. Es el nivel más alto desde mayo. Traducido al idioma que hablamos los que pagamos las consecuencias: los mercados —esos que Milei dice defender— ya empezaron a descontar que este gobierno no llega.

Y no llega porque el plan hace agua por todos lados. Lo conté en el programa de este miércoles en "Algo salió mal", el stream de Data Diario que va de lunes a jueves de 9 a 11 horas.

 

El vocero admitió la estafa en cámara

El 10 de agosto, Adrián Ravier, vocero del Gobierno, dijo en El Diario de La Pampa una frase que vale la pena leer con lupa: "Una parte de esos impuestos va a Vialidad y la otra parte la dispone el Ministerio de Economía como parte de lograr el equilibrio fiscal". No lo digo yo. Lo dijo el vocero de Milei en cámara. Los números del propio Sistema Vial Integrado (SisVial) confirman la confesión: recaudaron 1.503.252 millones de pesos del impuesto a los combustibles y ejecutaron apenas 394.406 millones en rutas. Un 26,2%. Quedaron un billón cuarenta mil millones de pesos —repito: un billón— sin llegar nunca al asfalto.

¿Dónde fueron? A dibujar superávit. Ese superávit fiscal que Milei sale a festejar en cadena nacional está hecho con la plata que vos pagás cada vez que cargás nafta, mientras las rutas se caen a pedazos y en el interior se muere gente en los pozos.

Es la definición manual de estafa: cobran un impuesto con destino específico, no lo mandan al destino, y usan la plata para maquillar los números que después le venden al FMI.

 

El FMI vino a cobrarse Vaca Muerta

Hablando del Fondo. A fines de julio Kristalina Georgieva pisó Argentina y no vino a Buenos Aires: se fue directo a Loma Campana, en Vaca Muerta, con Luis Caputo de guía turístico. La foto es elocuente: la jefa del FMI mirando un pozo de shale que hoy está a nombre de YPF y de las privadas que operan la cuenca.

Argentina le debe al Fondo más de 50.000 millones de dólares. Somos el mayor deudor del mundo. En 2027 vencen 5.650 millones de DEG. Y el nuevo programa que Caputo firmó suma otros 20.000 millones a cuatro años. Nadie presta esa plata sin garantía. La garantía informal, la que no se firma pero se mira, es Vaca Muerta.

Milei le hipoteca el subsuelo a los pibes que todavía no nacieron para que Caputo pueda pagar los vencimientos que él mismo generó. Y los medios le llaman "confianza de los inversores".

 

La economía real ya reventó

Mientras Milei jura que "lo peor ya pasó", los números dicen otra cosa. La industria metalúrgica cayó 5,7% en el primer semestre según ADIMRA. La capacidad instalada del sector está en 41,8%: el mínimo en 4 años. El consumo masivo, según Scentia, cae 2,7% interanual y acumula seis meses seguidos en rojo. La industria en general acumula tres meses consecutivos de caída según la UIA.

Los autos, esos que Milei sale a mostrar como éxito, tienen un desplome del 24% en la primera semana de agosto. Peugeot cae 57%. Renault, 44%. Volkswagen, 40%. Fiat, 36%. Solo Ford aguanta. Y los patentamientos del año acumulan una caída del 13,5%.

Los colectivos en el AMBA vendieron 28 millones de pasajes menos que en julio del año pasado. Menos 19,1%. En Buenos Aires provincia menos 22,6%. Ya ni podemos viajar a laburar. Y si el trabajador no viaja no es porque descubrió el teletrabajo: es porque no tiene laburo, o porque cobra tan poco que camina.

 

La bomba financiera de las familias y las empresas

El 12,7% de las familias argentinas está en mora con el banco. Récord en 20 años. Con las billeteras virtuales —esas fintechs que el propio Gobierno festejaba— la mora llega al 32%. Uno de cada tres. Y frente a esto Milei tuvo la delicadeza de decir que "es un problema entre privados". El presidente de la Nación diciendo que los 20 millones de personas endeudadas son un tema entre privados.

Pero acá no llegó el fondo. Los cheques rechazados por falta de fondos se triplicaron en un año. En diciembre de 2025 fueron 119.285, un récord histórico. En marzo de 2026 se rechazaron 112.000 cheques por 357.800 millones de pesos. La cadena de pagos, el sistema por el que las empresas se pagan entre sí, está reventada. Las pymes no le pagan a los proveedores. Los proveedores no cobran. Los sueldos se atrasan. Y así, en cascada.

Cuando revientan los cheques rechazados, viene lo que sigue: concursos preventivos, quiebras, despidos, remates. La economía real se está cayendo a pedazos y el Gobierno lo festeja como "sinceramiento".

 

Milei encerrado en Olivos

Y en el medio de todo esto, ¿dónde está el presidente? Encerrado. Diez días sin apariciones públicas, entre el 8 y el 17 de agosto. Sin gabinete, sin entrevistas, sin actos. Ni siquiera tuiteó: solo retuiteó. La última foto pública era del 7 de agosto en Colombia. Reapareció recién el 17 en un acto por San Martín donde balbuceó sobre "enemigos internos y externos".

La versión oficial es que está escribiendo un libro que se llamará "La moral como política de Estado". Fenómeno. Mientras el país se cae a pedazos, el presidente escribe filosofía en Olivos. Y en el vacío que dejó, Karina Milei se convirtió en la que maneja la agenda del Gobierno. Que la hermana del presidente sea la que dice quién entra, quién sale y qué se firma no es una anécdota: es la confesión de que este gobierno no tiene ni siquiera estructura política. Es un rejunte de fanáticos alrededor de una familia.

Los rumores sobre la salud de Milei —corticoides, aislamiento emocional, "está desfigurado"— no los voy a repetir porque no están confirmados. Pero que un presidente desaparezca diez días en medio de una crisis financiera y solo salga a decir que enfrenta "enemigos" ya dice bastante. La política, con Milei encerrado, la maneja su hermana. Y la economía, la maneja el Fondo.

 

Los mercados ya dan por perdida la pelea

Este es el punto. Los mercados —los que Milei prometió enamorar— ya lo dieron por perdido. El riesgo país en 511 puntos, los bonos hundidos, el dólar tironeando, los depósitos moviéndose. No es que "no confían": es que ya empezaron a operar pensando en el día después de Milei. Los grandes fondos están posicionándose para el próximo gobierno. Y cuando los mercados hacen eso, el gobierno ya no tiene margen para nada.

Mientras tanto, el pueblo laburante sigue pagando la cuenta. Cada suba del riesgo país se traduce en más presión sobre el dólar. Cada devaluación se traduce en aumentos. Cada aumento se traduce en menos consumo. Y así, el círculo se cierra sobre nuestros bolsillos.

 

No es fracaso. Es el remate del plan

Muchos analistas de televisión todavía van a decir que Milei "está teniendo problemas de gestión", que le falta comunicación, que le pifió con los tiempos. No. Este era el plan. Vaciar el Estado, hipotecar los recursos, empobrecer al pueblo laburante, fugar los dólares que quedaban y dejar la economía tan rota que el próximo gobierno no tenga margen para revertir nada. Ese es el plan que Milei anunció en campaña, aunque lo dijo con palabras técnicas para que no lo entendieran.

Lo que estamos viendo estos días no es un error. Es un modelo cumpliéndose. Los ricos más ricos, los pobres más pobres. La transferencia de recursos de abajo hacia arriba a la velocidad más grande de las últimas cuatro décadas.

Pero hay una diferencia con el '76 y con los '90: esta vez lo estamos viendo en tiempo real. En redes. Con datos oficiales. Con confesiones en cámara. Con el propio vocero admitiendo que dibujan superávit. Con el FMI paseando por Vaca Muerta como quien recorre un shopping.

 

No lo vamos a bancar en silencio

Milei está knock out. Lo dicen los mercados que él mismo eligió como jueces. Lo dice el riesgo país. Lo dicen los cheques rechazados, la mora, la industria en el piso, el colectivo vacío. Lo dice el propio silencio del presidente escondido en Olivos.

Pero un gobierno knock out no cae solo. Cae porque el pueblo lo empuja. Cae porque los que no aparecemos en los balances del FMI —los laburantes, los jubilados, los pibes que no pueden estudiar, los enfermos sin remedios— nos organizamos y le decimos basta.

Ellos vaciaron. Nosotros no vamos a pagar en silencio.

No es fracaso. Es el plan. Y contra el plan, se resiste.

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