El lunes, en Neuquén, ante los empresarios del petróleo reunidos en la exposición AOG Patagonia, Javier Milei hizo una pregunta que todavía me da vueltas. Hablaba de los que se quedan sin plata el día 20. «¿Me pueden decir cómo hacen para vivir 10 días sin comer y sin beber?», dijo. Y remató que la frase es «una pelotudez del tamaño de una casa».
Lo escribo hoy porque la pregunta tiene respuesta. No es retórica. Millones de argentinos la contestan todos los meses, en silencio, en la cola del almacén.
Cómo se viven diez días
Según el Monitor de Opinión Pública de la consultora Zentrix, difundido el fin de semana, dos de cada tres argentinos se quedan sin ingresos a más tardar el día 20. En la clase baja, el 83,3%. Es una encuesta privada, pero la serie es estable: en mayo daba 64,4%.
¿Y cómo siguen? Con deuda. El 56,2% se endeudó en los últimos seis meses. De ellos, el 55,1% usó la plata para comida y salud, y el 21,3% para pagar servicios. Solo el 11,8% compró un bien durable. No es consumo. Es para llegar.
El Banco Central confirma la otra punta de la cuenta. La mora de los créditos a las familias llegó al 12,9% en julio, la más alta en más de dos décadas. En diciembre de 2024 era del 2,5%. Se multiplicó por cinco. Las deudas para comer no se pagan con un sueldo que no alcanzaba.
Y no alcanza por una razón que publica el propio Estado. El salario mínimo de octubre es de $ 391.200. Para que un adulto no sea pobre en el Gran Buenos Aires, el INDEC calcula $ 528.319. El mínimo legal cubre el 74% de esa canasta, para una sola persona. Una familia de cuatro necesitó $ 1.632.505 en septiembre: más de cuatro salarios mínimos. La comida, además, corre más rápido que el promedio: la canasta alimentaria subió 40% en un año, contra una inflación de 33,5% en la misma región.
La olla y los pibes
El dato que más me pesa no es el de los adultos. Según el Observatorio de la Deuda Social de la UCA, que presentó su informe en abril, en 2025 el 13,2% de los chicos pasó por episodios de hambre. Duplica los niveles de antes de 2017. El 28,8% vive en hogares que tuvieron que comer menos. Y casi dos de cada tres chicos, el 64,8%, recibe comida gratis del Estado o de un comedor: el valor más alto de la serie. En el primer semestre de 2026, según el INDEC, el 44,5% de los chicos de hasta 14 años era pobre.
Eso es lo que el Presidente llama un eslogan. La madre que no sabe qué poner en la mesa el día 25. El chico que cena en el comedor del barrio. El jubilado que cobra la mínima con un bono congelado desde marzo de 2024 y que, según Chequeado, perdió 9,4% contra noviembre de 2023.
La burbuja
Lo dijo en un salón donde se festejaban récords. Vaca Muerta pasó de 310.000 a más de 670.000 barriles diarios. Las exportaciones de septiembre superaron los US$ 10.000 millones, el máximo de la serie según el INDEC. Son buenas noticias para el sector y para las cuentas externas. No lo discuto.
Pero ese mismo lunes se conoció que la cámara metalúrgica registró su peor septiembre en diez años, con cuatro de cada diez máquinas funcionando. Los dólares entran. A la mesa no llegan. Desde el salón de la expo, el día 20 es una consigna de la oposición. Desde la cocina de una casa del conurbano, es el calendario.
Mi lectura es que no se trata de un exabrupto. Es una forma de gobernar: si el problema no existe, no hay que hacer nada con él. Ni con el salario mínimo, ni con el bono de los jubilados, ni con la deuda de las familias, que el Congreso tiene en el temario del miércoles.
Negar el problema no lo achica. Lo hace más caro, con intereses y con mora. Y burlarse desde el poder de quien no puede darles cuatro comidas a sus hijos no es valentía. Es crueldad.