La Justicia estadounidense condenó el 6 de octubre a Michael Smith, de Carolina del Norte, por una operación que combinaba canciones generadas con inteligencia artificial y reproducciones ficticias para cobrar regalías. La sentencia incluyó 18 meses de cárcel, dos años de libertad supervisada y un decomiso superior a US$8 millones. La responsabilidad penal se vinculó con el engaño a las plataformas y la apropiación de pagos, sin que la creación musical mediante IA constituyera por sí misma el delito.
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Cuentas automatizadas para simular oyentes
Según la Fiscalía del Distrito Sur de Nueva York, Smith utilizó miles de cuentas falsas para reproducir de forma continua un catálogo de cientos de miles de temas. Distribuía las escuchas entre distintas canciones para reducir las posibilidades de detección en Spotify, Apple Music, Amazon Music y YouTube Music. Solo durante abril de 2023, sus cuentas acumularon 80,9 millones de reproducciones fraudulentas en planes familiares de YouTube Music, dentro de una operación que obtuvo más de US$8 millones en regalías.
Derechos de autor y obligaciones de transparencia
En Argentina, la Ley 11.723 contempla sanciones por defraudar derechos de propiedad intelectual y establece supuestos específicos de edición, venta o reproducción sin autorización. También prevé penas de un mes a seis años para determinadas conductas relacionadas con la reproducción ilícita de fonogramas. La eventual responsabilidad depende de los hechos y del encuadre legal: utilizar IA para producir música no determina automáticamente una infracción penal.
En la Unión Europea, el Reglamento de Inteligencia Artificial establece obligaciones de identificación técnica para proveedores de sistemas que generan audio sintético y de divulgación para quienes difunden determinadas suplantaciones artificiales. Las obras artísticas, satíricas o de ficción tienen un tratamiento específico: la información sobre su carácter manipulado debe ofrecerse de una manera compatible con su exhibición y disfrute.
Otra cuestión es quién puede reclamar derechos sobre una composición generada mediante estas herramientas. La Oficina de Derechos de Autor de Estados Unidos sostiene que la protección requiere autoría humana, aunque admite el uso de IA como asistencia y la protección de aportes creativos realizados por personas. Por eso, la posibilidad de registrar una canción y la responsabilidad por utilizarla de manera fraudulenta son asuntos jurídicos distintos.
