Sin dudas, los años 90 marcaron una de las décadas más rockeras de la historia y dieron origen a algunas de las voces más influyentes de la música alternativa. Fue una época donde el rock sonó más crudo y visceral pero también más honesto.
Aunque el grunge quedó asociado a guitarras distorsionadas, climas densos y gritos catárticos, sus protagonistas también mostraron una fuerte conexión con la sensibilidad, la introspección y el compromiso social. Le dieron un lugar central a la reflexión y dejaron ver un costado vulnerable que rompía con la idea clásica de masculinidad dentro del rock.
En ese contexto, la revista Loudwire armó un listado con las mejores baladas de los años 90, seleccionando aquellas canciones que lograron equilibrar intensidad emocional y profundidad.
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“Glycerine” – Bush (1994): Gavin Rossdale compuso este himno en un momento de fragilidad emocional. Lo curioso es que, a diferencia del sonido pesado de Sixteen Stone, esta pista es minimalista: solo Rossdale, su guitarra eléctrica con un tono cálido y una sección de cuerdas que entra al final. Representa la inestabilidad de las relaciones, comparándolas con la glicerina.
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“Fake Plastic Trees” – Radiohead (1995): Se dice que Thom Yorke grabó la voz justo después de ver un concierto de Jeff Buckley. Exhausto y emocionado, rompió a llorar al terminar la toma, que es la que escuchamos en The Bends. Es una crítica mordaz al consumismo y la artificialidad de la vida moderna.
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“Disarm” – Smashing Pumpkins (1993): Billy Corgan compuso esta pieza usando campanas tubulares y violines en lugar de guitarras distorsionadas. La letra es un ajuste de cuentas con su infancia y la relación con sus padres. Fue censurada en algunos países por la frase "cut out the poetry and bean", malinterpretada como violenta.
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“Black” – Pearl Jam (1991): Una de las baladas de desamor más desgarradoras de la historia. Eddie Vedder escribió la letra sobre una base instrumental de Stone Gossard. A pesar de ser un éxito masivo, la banda se negó a hacer un video musical para preservar la "pureza" del sentimiento personal de los oyentes.
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“Fade Into You” – Mazzy Star (1993): La voz etérea de Hope Sandoval define el dream pop. Es una canción sobre el desvanecimiento de la identidad propia al intentar alcanzar a alguien inalcanzable. Su grabación destaca por el uso del slide guitar, creando una atmósfera hipnótica y atemporal.
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“Black Hole Sun” – Soundgarden (1994): Chris Cornell escribió este clásico basándose en un juego de palabras que escuchó en las noticias. Musicalmente, es una mezcla de psicodelia beatlesca con el peso del grunge. La sensibilidad de Cornell brilla en su rango vocal, pasando de la melancolía al grito potente.
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“Hurt” – Nine Inch Nails (1994): Compuesta por Trent Reznor en el punto más oscuro de su adicción. La canción utiliza una progresión de acordes disonantes para generar incomodidad. Aunque Johnny Cash hizo una versión legendaria, la original de NIN captura una desesperación industrial y cruda única.
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“Iris” – Goo Goo Dolls (1998): Escrita originalmente para la película City of Angels. John Rzeznik utilizó una afinación de guitarra extremadamente inusual (casi todas las cuerdas afinadas en Re) para lograr ese sonido resonante. Es la definición del rock alternativo comercial de finales de los 90.
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“Crown of Thorns” – Mother Love Bone (1990): Esta es la prehistoria del Grunge. Andrew Wood muestra una vulnerabilidad casi glam-rock. Su muerte poco antes del lanzamiento del álbum Apple llevó a la formación de Pearl Jam, convirtiendo a esta canción en un testamento espiritual.
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“Nutshell” – Alice In Chains (1994): Layne Staley entrega una de las interpretaciones más honestas sobre la soledad y la adicción. Grabada para el EP acústico Jar of Flies, su instrumentación es despojada, permitiendo que el dolor en la voz de Staley sea el protagonista absoluto.
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“Lover, You Should’ve Come Over” – Jeff Buckley (1994): Una obra maestra de la métrica y la sensibilidad. Buckley mezcla el soul, el jazz y el rock para describir el arrepentimiento de un hombre que se siente demasiado joven para ser maduro, pero demasiado viejo para ser descuidado. Su voz alcanza notas imposibles con una delicadeza casi celestial.
