La selección de Egipto se prepara para el Mundial 2026 con una identidad atravesada por vínculos futbolísticos con Argentina y Brasil, que dejaron huella en jugadores, entrenadores y hasta en la cultura deportiva del país. Esa conexión se refleja en nombres, estilos de juego y procesos que marcaron al equipo en los últimos años.
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Apodos, ídolos y huellas sudamericanas
Uno de los casos más representativos es el de Mahmoud Hassan, conocido como “Trezeguet” por su parecido con el exdelantero francoargentino. El apodo se consolidó desde sus inicios y terminó formando parte de su identidad profesional dentro y fuera de Egipto.
También aparece la influencia de Zico, ídolo brasileño que inspiró a futbolistas como los hermanos Mohamed y Mostafa Ziko, bautizados así por la admiración familiar hacia el histórico jugador. Estas referencias reflejan una conexión cultural que atraviesa generaciones y estilos de juego.
Cúper y el salto mundialista
La influencia sudamericana también se expresó en los bancos de suplentes. El argentino Héctor Cúper dirigió a Egipto entre 2015 y 2018 y logró clasificar al equipo al Mundial tras 28 años, en un ciclo que incluyó una final en la Copa Africana de Naciones.
Ese proceso consolidó una etapa de crecimiento y dejó una marca en la estructura del seleccionado. Según el propio entrenador, la experiencia implicó un intercambio cultural profundo que fortaleció tanto al equipo como a su conducción.
Hoy, con figuras como Mohamed Salah y Omar Marmoush, Egipto combina talento propio con una impronta internacional que incluye esa influencia sudamericana. El equipo llegará a la Copa del Mundo con una identidad híbrida que mezcla tradición africana y referencias del fútbol del Cono Sur.