La carne, uno de los clásicos de la mesa de los argentinos, está cada vez más lejos de los platos. El consumo volvió a caer en agosto y alcanzó un nivel que preocupa: según los últimos datos del sector, quedó en su registro más bajo de las últimas dos décadas.
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El dato aparece en medio de un escenario complicado para el bolsillo. Comprar carne se volvió mucho más caro durante el último año y, mientras los precios siguen subiendo, las familias recortan cantidades, cambian cortes o directamente dejan de comprar con la misma frecuencia.
El informe de la Cámara de la Industria y Comercio de Carnes y Derivados de la República Argentina (CICCRA) mostró que el consumo por habitante se ubicó en 46 kilos anuales durante agosto.
Frente al mismo período del año pasado, significa una caída del 9,5%, equivalente a casi cinco kilos menos por persona.
Es, además, el nivel más bajo de la serie que comienza en 2005. Entre enero y agosto, el mercado interno absorbió 1,377 millones de toneladas de carne vacuna, un 11,3% menos que en los primeros ocho meses de 2025.
Golpe al bolsillo: el consumo de carne cayó 9,5% y marcó su peor nivel en más de 20 años
El problema no está solamente en cuánto se compra, sino también en cuánto cuesta. Durante agosto, los cortes vacunos aumentaron 51,2% interanual, bastante por encima de la inflación general.
La carne picada común fue uno de los productos que más subió, con un incremento del 52,7%. El asado aumentó 52,1%, el cuadril 51,9%, la nalga 50% y la paleta 49%.
Mientras tanto, la producción también cayó. En los primeros ocho meses del año se produjo 6,8% menos carne y la faena retrocedió 9,9%.
Hay otro dato que suma tensión al escenario: las exportaciones crecieron 6,5% entre enero y agosto y llegaron a 567.400 toneladas res con hueso. Es decir, mientras el consumo dentro del país sigue perdiendo volumen, las ventas al exterior avanzan.
China continúa siendo el principal destino, aunque Estados Unidos e Israel también ganaron peso entre los compradores.
Los números dejan una situación difícil para el mercado interno: la carne aumenta fuerte, se consume menos y cada vez representa un gasto más pesado para las familias que todavía buscan mantenerla en la mesa.