La pesca, el pulmón económico de la ciudad, se hunde sin que nadie le preste atención. Así lo denunció el concejal Juan Manuel Cheppi (Frente Renovador), quien salió con los tapos puestos a responsabilizar a Javier Milei por el descalabro del sector.
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“El modelo económico de Javier Milei puso contra las cuerdas a la industria pesquera de Mar del Plata: sube el gasoil, caen los ingresos y los barcos no salen”, disparó el edil, con números y un diagnóstico que ya se huele en cada rincón del puerto. La suba imparable del combustible está dejando a la flota fresquera al borde de la parálisis total, mientras la rentabilidad se esfuma.
Cheppi culpó a Milei y al municipio por hundir la pesca
El dirigente no dramatiza, muestra el termómetro real de una ciudad que vive del mar. “Hay más de 15.000 puestos de trabajo en juego, entre embarcados, fileteros y estibadores”, advirtió con crudeza. Detrás de cada número hay una familia que no sabe si mañana tendrá para llevar el pan a la mesa.
Desde el sector advierten que la combinación de precios internacionales deprimidos, costos dolarizados en alza y un tipo de cambio que no acompaña generó un escenario inviable para la actividad. El puerto, que alguna vez fue sinónimo de movimiento y futuro, hoy muestra barcos amarrados y una calma que asusta.
Pero Cheppi no solo apuntó a Balcarce. El concejal cargó con munición pesada contra las autoridades locales, que hasta ahora prefieren hacerse las distraídas mientras la ciudad se desangra.
“Guillermo Montenegro y Neme no pueden mirar para otro lado: tienen que ponerse la camiseta de la ciudad y defender el trabajo marplatense”, exigió el edil del Frente Renovador. La pregunta que flota en el ambiente es si el intendente interino Agustín Neme y el senador Montenegro, con la mirada puesta en sus propias carreras políticas, son capaces de poner el pecho a una crisis que ya es terminal.
La industria pesquera de Mar del Plata no pide privilegios, pide que no la abandonen. Pero mientras Milei sigue con su motosierra sin importarle a quién le corta los brazos, y el Municipio se lava las manos, los trabajadores quedan solos, en un puerto que se muere de a poco. La bronca está servida y el reclamo de Cheppi no es una anécdota: es un grito de auxilio de todo un sector que se niega a desaparecer.