La reaparición del ex presidente, Mauricio Macri, tuvo su auge durante esta semana cuando brindó varias entrevistas a periodistas afines a su forma de pensar: Jonatan Viale, Pablo Sirvén, Joaquín Morales Solá. En ellas, acusó al peronismo de perseguirlo judicialmente, de estar cooptado por la vicepresidenta, Cristina Kirchner, y de ser el "partido de los que no trabajan". Casualmente (¿o no?) todo esto se da en medio de una corrida bancaria y en vísperas de la publicación del libro "Hermano" de Santiago O´Donnell, donde Mariano Macri cuenta algunos vínculos con la patria contratista de parte del ex mandatario.

Como cada vez que da una declaración pública, el ala moderada de Juntos por el Cambio reniega. Se trata de aquellos con aspiraciones ejecutivas y que pretenden jubilar a Macri. Todo esto en contraposición a quienes pretenden seguirlo y que encabezan la oposición más dura al gobierno, con la presidenta del PRO, Patricia Bullrich, a la cabeza. 

La toma de tierras ha sido uno de los temas en discusión en los últimos días, con epicentro en Guernica, pero ahora con el foco en el conflicto familiar de los Etchevehere, que cobró relevancia pública. Mientras Bullrich, Macri y compañía buscan llevar la irresponsabilidad de su ex ministro al debate político, en el gobierno se apañan a las decisiones judiciales que le dieron la razón a Dolores, quien donó su parte a un proyecto agroecológico de Juan Grabois.

En ese contexto, el aumento de la brecha entre el dólar oficial y el paralelo es motivo de preocupación. Si bien el ministro de Economía, Martín Guzmán, asegura que "no hay posibilidad de una devaluación", no es menos cierto que parte del establishment -e incluso ciertos sectores del Frente de Todos- comienzan a debatir su reemplazo, en contra del pensamiento del presidente, Alberto Fernández. Guzmán debe lamentar la vorágine de un país en el que en cuestión de semanas pasó de ser elogiado por la reestructuración de la deuda con los bonistas privados a estar en la cuerda floja y ser criticado por los mismos que manejaron al país con una desidia asombrosa durante el gobierno anterior.

El círculo rojo comenzó a recibir guiños del gobierno. Una de las promesas de campaña del gobierno era comenzar por los que menos tenían pero nunca descartó trabajar a la par de empresarios del país. Quienes instalaron esa idea de un comunismo venezolano inexistente son los mismos que agitan la idea de la destitución. Las rebajas en las retenciones para conseguir divisas y la reunión que mantendrá Fernández con Paolo Rocca y Luis Betnaza, de Techint, son guiños a esta relación que necesitará mantener vigente para reactivar la economía en un país golpeado por los cuatro años de macrismo y por la pandemia.   

Otro de los puntos fuertes a tener en cuenta es que el Presupuesto 2021 consiguió dictamen y será tratado la próxima semana. Allí, luego de negociaciones arduas, el gobierno consiguió que -al menos en teoría- Juntos por el Cambio se abstenga, como un gesto para la negociación con el FMI, que deberá aceptar el "para pagar tenemos que crecer" de la campaña. 

Con el impuesto a las grandes fortunas, la reforma tributaria, el aborto y la gestión de la pandemia en agenda, el gobierno transita horas importantes. El caso de Bolivia, donde el MAS consiguió la presidencia con el 55% de los votos, es un respaldo tanto regional como ideológico, donde la ultra derecha quedó aislada. Sería bueno trabajar con ese ejemplo para que no tiemble el pulso a la hora de tomar las medidas que sean necesarias para mejorar la economía de un país derrotado.