Anoche, a último momento, el Gobierno de Milei tuvo que retirar el Capítulo 3 del proyecto de Ley de Inviolabilidad de la Propiedad Privada. Ese era el corazón del proyecto para el gran capital extranjero: la parte que habilitaba la venta de tierras rurales a compradores de afuera sin los límites que fijó la ley 26.737, sancionada en 2011.
Patricia Bullrich intentó hasta último momento un parche. Propuso subir el tope de propiedad extranjera del 15% al 25% de la superficie nacional. Ni con eso le dio el número. Al oficialismo le faltaban votos en el Senado y prefirieron soltar el capítulo entero antes que arriesgar toda la ley. Lo publicaron La Nación, Infobae, ABC, Notimerica, Clarín, Página/12. No es un invento mío.
Y sin embargo, hoy marchamos. Hoy hay que marchar más que nunca. Y les voy a explicar por qué.
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No fue Bullrich, no fue el Congreso, fue el pueblo
Que quede clarísimo antes de que nos vengan a robar la victoria. El capítulo no se cayó por la sabiduría del Congreso. No se cayó porque Bullrich haya reflexionado. No se cayó porque a los libertarios les entró un ataque de sensatez.
Se cayó porque durante 30 días la calle no paró. Banderazos en Baradero, Gualeguaychú, Paraná, Río Grande, Tolhuin, Ushuaia, Salta y La Pampa. Comunidades de WhatsApp organizando desde todas las provincias bajo la consigna "la tierra no se vende, no se quema, no se desaloja". La CGT sumándose de forma orgánica. Las dos CTA. La UTEP. La Coalición Federal en Defensa de la Tierra. La Multisectorial por la Tierra y la Vivienda. Los ex combatientes de Malvinas publicando una carta abierta convocando a defender el territorio. La Iglesia con la Pastoral Aborigen (Endepa), Cáritas y el Movimiento de Capellanes. El Llamamiento Argentino-Judío. Estudiantes de la UBA, terciarios, secundarios. El movimiento inquilino. Cientos de miles de personas anónimas moviéndose por lo suyo.
Sin todo eso, hoy se votaba con el capítulo adentro. Es así. Y hay que decirlo con toda la letra: cuando el pueblo se organiza, gana. Cuando la calle está vacía, ellos hacen lo que quieren.
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Pero la ley sigue en tratamiento. Y lo que queda también es grave
Hoy se vota en el Senado lo que queda del proyecto de Inviolabilidad de la Propiedad Privada. Y no es poco. Vamos por partes.
Uno. El régimen de expropiaciones. Cambian las condiciones que hoy le permiten al Estado expropiar tierras para vivienda popular, para obra pública, para interés social. Suben los estándares. Endurecen los plazos. Le hacen más difícil al Estado activar la herramienta constitucional que sirve para que el que no tiene un techo pueda tenerlo. Blindan al latifundista y le sacan al pueblo la única palanca legal para acceder a la tierra en algunos casos.
Dos. La Ley de Manejo del Fuego. Bajan las sanciones al que prende fuego un bosque o un campo. Esta es de las más peligrosas, porque el mecanismo lo conocemos de memoria. Se prende un fuego en un humedal, en un bosque nativo, en un campo con conflicto de tenencia. Se arrasa. Y después esa tierra quemada se vende barata al especulador inmobiliario o al pool sojero. Ya lo vimos en Corrientes con los incendios de 2022. Ya lo vimos en la Patagonia. Y en vez de endurecer sanciones, Milei las baja.
Tres. Desalojos exprés en viviendas urbanas. El proyecto habilita procedimientos abreviados para sacar familias enteras de sus casas. La denuncia la hicieron ATE Rosario y las organizaciones de inquilinos que vienen peleando hace años contra la desregulación de los alquileres. En una Argentina donde el 15% de los hogares alquila, y donde el precio del alquiler subió casi 200% arriba de la inflación desde diciembre de 2023, esto no es una tecnicidad jurídica. Es criminal.
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Y la ley de tierras sigue judicializada
Otra cosa que no hay que olvidar. La Ley 26.737 de Protección al Dominio Nacional sobre la Propiedad, Posesión o Tenencia de Tierras, la que limita al 15% la propiedad extranjera y prohíbe la venta de tierras con espejos de agua permanentes, ya había sido derogada por el DNU 70 de Milei en diciembre de 2023.
Esa derogación está frenada hoy por una cautelar del juez Ernesto Kreplak, dictada en enero de 2024 a partir de un amparo del Centro de Ex Combatientes Islas Malvinas de La Plata. Es decir, la ley que hoy nos protege del remate del territorio está viva de milagro judicial, no por decisión del Ejecutivo.
Si el DNU se convalida en el Congreso, o si un tribunal superior levanta la cautelar, la ley se cae sola. Sin necesidad de nuevo proyecto. Sin necesidad de votación. La pelea de fondo, entonces, no se ganó. Se aplazó. Y sigue en dos frentes: en Tribunales y en la calle.
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Milei se fue a Quito
Y como si todo esto fuera poco, corona el desprecio institucional yéndose del país. Anoche, alrededor de las 20 horas, Javier Milei partió desde Aeroparque rumbo a Ecuador. Esta tarde tiene bilateral con Daniel Noboa en Quito. Lo publicó La Nación.
Es decir: el día que se vota su propia ley, el día que el pueblo está en las calles de todo el país oponiéndose, el Presidente no le da la cara al Congreso. Se toma el avión. Se va a hablar con otro presidente. Manda a Bullrich a dar la pelea sola en el recinto. Y él se lava las manos.
Es una foto que retrata perfectamente al personaje. El que dice defender la propiedad privada de los argentinos, el día en que se debate en el Senado su versión de la propiedad privada, se sube al avión oficial y se va.
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Hoy marchamos, mañana San Cayetano
Por eso hay que ir. Por eso hay que ir aunque haya frío. Por eso hay que ir aunque el capítulo de tierras ya no esté. Aunque uno se sienta cansado, aunque uno vea la lista de peleas que hay que dar y sienta que son demasiadas.
Hay que ir porque lo que queda de la ley es grave. Hay que ir porque los que están en el recinto necesitan ver la plaza llena para atreverse a votar en contra. Hay que ir porque la Ley 26.737 sigue colgando de un hilo judicial y hay que sostener la presión política. Hay que ir porque mañana, 7 de agosto, es San Cayetano, y la CGT, las dos CTA y la UTEP peregrinan de Liniers a Plaza de Mayo por Tierra, Techo y Trabajo. Una consigna que acuñó Francisco. Una consigna que hoy es de todos.
La calle puso el freno. La calle lo va a sostener.
Y la próxima vez que alguien nos diga que las marchas no sirven, que hay que dejar de romper las bolas, que no se cambia nada: recordémosle este 5 de agosto. Recordémosle el día en que un Gobierno con mayoría automática, con Bullrich negociando voto por voto, con la maquinaria de Karina y Menem operando a full, tuvo que soltar su capítulo estrella porque no le daba el número.
Y el número no le dio porque nosotros estábamos afuera.