La luna de miel de Javier Milei con los argentinos se terminó hace rato. Y los números lo confirman.
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Según el ranking de popularidad de mandatarios latinoamericanos elaborado por la consultora CG Global Data, el presidente argentino sufrió su cuarta caída consecutiva en imagen positiva y quedó ubicado en el antepenúltimo puesto de la región.
En febrero, Milei tenía un 46,8% de imagen positiva y ocupaba el octavo lugar. En marzo bajó al 42,3% (puesto 11). En abril cayó al 36,2% (puesto 14). Y en mayo tocó su mínimo histórico: 34,8% de imagen positiva, lo que lo deja en el puesto 17 de 18 mandatarios.
Solo están peor que él Delcy Rodríguez, la mandataria de Venezuela (24,1%), y el presidente interino de Perú, José Balcázar (20,5%).
Milei, antepenúltimo en Latinoamérica: su imagen positiva cayó al 34,8%
La imagen negativa del Presidente, en tanto, no para de crecer. Pasó del 51,7% en febrero al 63% en mayo. Dentro de ese universo, un 52,6% de los consultados califica su gestión como “muy mala” y un 10,4% como “mala”. En otras palabras: seis de cada diez argentinos rechazan su gestión.
Mientras Milei se hunde, otros mandatarios de la región cosechan altos niveles de aprobación. Claudia Sheinbaum, de México, encabeza el ranking con 67,8%. La sigue Nayib Bukele, de El Salvador, con 67,5%.
Completa el podio Luis Abinader, de República Dominicana, con 60,2%. Todos ellos con políticas de Estado muy diferentes, pero con algo en común: no ajustaron a sus pueblos con la saña del gobierno argentino.
El único presidente que registró una mejora significativa fue Daniel Noboa, de Ecuador, con una suba de +3,7%. La mayor caída, en cambio, la sufrió Delcy Rodríguez, con un descenso del -3,4%, aunque sigue estando peor que Milei.
El costo político del ajuste
El sondeo, realizado entre el 5 y el 9 de mayo con una muestra de entre 1.988 y 2.674 consultados por país, tiene un nivel de confianza del 95% y un margen de error de entre 1,9 y 2,2 puntos porcentuales. Es decir: los números son sólidos y reflejan una tendencia irreversible.
La caída de Milei no es un espejismo. El ajuste salvaje, los escándalos de corrupción en su propio gobierno (Adorni mediante), el deterioro de los servicios públicos y la pérdida del poder adquisitivo empiezan a pasar factura.
Los argentinos que alguna vez creyeron en la motosierra hoy miran con desencanto a un presidente que prometió orden y entregó caos. El ranking latinoamericano es solo un termómetro más. La calle, las urnas y la paciencia social, también.