Donald Trump volvió a hacer de las suyas. Esta vez, el magnate y presidente de Estados Unidos publicó en su red Truth Social un mapa de Venezuela pintado con la bandera estadounidense y la leyenda "51st State".
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La imagen, también difundida por la cuenta oficial de la Casa Blanca en X, generó un escándalo diplomático inmediato. No es un chiste: Trump insiste en que quiere convertir a Venezuela en un estado más de la Unión.
El argumento del mandatario norteamericano es tan delirante como previsible. Según declaró a medios estadounidenses, su interés está en los "40 billones de dólares en reservas de petróleo" que, según él, posee Venezuela.
También aseguró que "el pueblo venezolano ama a Trump" y que su gestión es apoyada masivamente tras la salida de Nicolás Maduro. Una afirmación, como mínimo, difícil de verificar.
Trump publicó un mapa de Venezuela como "Estado 51" de EE.UU. y generó repudio internacional
La respuesta desde Venezuela no se hizo esperar. La presidenta interina, Delcy Rodríguez, fue tajante desde La Haya: "Eso nunca se habría considerado. Si hay algo que tenemos los venezolanos y las venezolanas es que amamos nuestro proceso de independencia y a nuestros héroes".
El gobierno interino venezolano, aunque alineado con Estados Unidos en la cuestión Maduro, dejó en claro que la soberanía nacional no se negocia.
Las relaciones diplomáticas entre ambos países están restablecidas y existe cooperación para reactivar la industria petrolera. Pero una cosa es la venta de crudo y otra muy distinta es entregar el territorio.
Los especialistas en derecho constitucional estadounidense recordaron que el presidente no tiene facultades para anexar territorios unilateralmente.
El Artículo IV de la Constitución de EE.UU. exige la aprobación del Congreso. Además, cualquier territorio anexado debería dar su consentimiento expreso, algo que las autoridades venezolanas ya descartaron.
Mientras Trump fantasea con expandir las fronteras de su imperio, en la Argentina suele socio comercial y político, Javier Milei, guarda silencio.
El presidente libertario, que se jacta de su alineamiento automático con Washington, no dijo una palabra sobre esta agresión simbólica a un país sudamericano. La coherencia, una vez más, brilla por su ausencia.