Otra vez, la villa y el barrio céntrico en la comparación. Un cliché 2.0. Repetidamente los lugares comunes, en clave de antagonismos, aparecen en el discurso político. Y como de costumbre, en el de una política cuya línea de pensamiento es funcional a la derecha. Un discurso coacheado y una mirada que refunda la grieta, demoniza, desintegra y crispa.

“Una cosa es fumar un porro en Palermo con amigos y otra es fumar en la villa rodeado de narcos”. Otra de las aseveraciones de una candidata que da muestras de estudios antropológicos, sociológicos, culturales, sociales, políticos y económicos (y por qué no religiosos). Es DICHO que las villas aglutinan las expresiones más desabridas de marginalidad, precariedad y miseria, ausencia estatal y bajezas humanas. Y es DICHO que Palermo repone los conceptos de residencia, esparcimiento, urbanismo, recursos y otras yerbas. También es DICHO que en la comparativa, hay perdedores y ganadores.

Sin embargo ¿por qué sigue siendo seductora la idea de que la felicidad solo puede ser vista por los famosos bosques capitalinos y no en la esquina de tu barrio, así, la llamen villa?

¿A quién le habla Vidal? ¿Por qué parece un canto de sirena? Por qué recorrer un barrio (“caminar”) implica legitimar un saber que no es justificado de forma multidisciplinar sino desde la óptica propia (atravesada en este caso por una mirada clasista, intencionada desde un speech coacheado, hacia un público determinado, con intereses propios) que lejos está de ser objetiva y constructiva si el ideal es una sociedad justa, democrática, crítica, diversa y pacífica. Y en lo más próximo, en la materialización de sus palabras, la candidata busca naturalizar la desigualdad en vez de afrontarla, y en el plano campaña, lo mismo de siempre, arrojar la responsabilidad a otra gestión y caer en la respuesta de siempre: es un problema estructural, no estamos listos, etc. 

Pero retomando con la construcción de un análisis profundo y específico, descriptivo, analítico, lo que nos dice Vidal es todo lo contrario. Confunde las temáticas con el problema. Abre diversas aristas y no aborda ninguna. Las herramientas utilizadas para basar su conocimiento son imágenes trilladas para discriminar sin discriminar, pasa sabotear todo intento crítico de profundizar la cuestión. No hay extrañamiento, no hay observación participante, no hay recolección de datos, no hay entrevistas, no hay diálogo. Además de prejuicio, en su afirmación hay desconocimiento, etnocentrismo, simplismo y demonización de la realidad de una persona que vive en un lugar diferente, mejor o peor, que Palermo. Este tipo de frases lo único que hacen es reforzar construcciones lingüísticas arraigadas en la estereotipación de personas y escenarios. Lo que nos dice Vidal es que fumar porro no está mal. ¡La villa está mal! Y por lo tanto no se puede fumar porro allí. El escenario para todo el que fume marihuana en una villa es pobres, ignorantes, narcos, armas, violencia, ilegalidad como si en los centros porteños todo fuese amor y paz, al estilo Ámsterdam.

¿Cuál es el asunto entonces: la desigualdad en las condiciones de vida entre una persona que vive en una villa y una persona que vive en Palermo? ó ¿la posibilidad de que un pobre pueda fumar marihuana al igual que un cheto de Palermo? Porque de seguro que importan mucho esos chicos quemados a Vidal. Y que en la villa haya narcos pero en Palermo no. Claro está que dividiendo los públicos, ponderando y jerarquizando a un sector que representa, sólo es necesario decir lo que dicen sus votantes. El resto es un concepto estético que su comunidad nunca pudo tolerar: los pobres tan cerca.