El Convento de Santo Domingo, uno de los edificios más emblemáticos de la ciudad de Santa Fe, atraviesa un proceso de deterioro edilicio que genera preocupación entre especialistas y organizaciones vinculadas al patrimonio.
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El complejo, cuya construcción se inició en 1670 y que fue declarado Monumento Histórico Nacional en 1982, es considerado una de las principales referencias arquitectónicas, culturales y religiosas de la provincia.
En su interior alberga obras del artista santafesino Juan Cingolani, reconocido por su participación en la restauración de la Capilla Sixtina, y conserva un valioso conjunto de imágenes religiosas y vitrales históricos.
Además, el convento tiene un fuerte peso en la historia nacional: en 1810 alojó al Manuel Belgrano durante su paso hacia Paraguay, y en su cementerio descansan figuras como Francisco Candioti, Domingo Cullen y Domingo Crespo.
Sin embargo, pese a su relevancia, el edificio presenta sectores descascarados, humedad y deterioro estructural, producto del paso del tiempo y la falta de mantenimiento sostenido.
Ya en 2021, la Junta Provincial de Estudios Históricos había advertido sobre el estado del inmueble. “Esto es grave”, señaló el historiador Alejandro Damianovich, quien remarcó el riesgo patrimonial que implica la situación actual.
Uno de los factores que agravó el escenario fue el retiro de la Orden de los Dominicos, que tenía a su cargo el lugar, lo que dejó al convento sin una estructura capaz de sostener su mantenimiento cotidiano.
Según explicó Damianovich, ni la congregación ni la Arquidiócesis de Santa Fe cuentan con los recursos necesarios para afrontar la conservación de un edificio de estas dimensiones, mientras que desde Nación tampoco se destinan fondos específicos.
En ese marco, especialistas advierten que la recuperación del convento dependerá de la asignación de recursos económicos por parte del Estado o incluso del sector privado. Estimaciones indican que una primera etapa de restauración podría requerir cerca de $100 millones.
Como alternativa, se plantea la posibilidad de avanzar con un plan de puesta en valor progresiva, similar al realizado en otros edificios históricos de la provincia, con el objetivo de preservar este patrimonio clave.
Mientras tanto, el convento continúa en uso para actividades religiosas, aunque su estado general mantiene encendida la alarma sobre la necesidad urgente de intervenir para evitar un daño mayor.