El ajuste del Gobierno de Javier Milei sobre las universidades argentinas está empezando a impactar fuertemente y las consecuencias ya se ven a nivel mundial. El último ranking global sobre universidades que se conoció este lunes reveló que todas las universidades argentinas cayeron con respecto al año pasado.
Se trata de la clasificación CWUR, del Center for World University Rankings, con sede en Arabia Saudita, que es el único ranking que no usa estudios de percepción y toma solo datos duros, con el acento en la producción científica. De acuerdo a lo que comentaron los que realizaron el estudio, es el retroceso al menor desempeño en investigación producido por “años de financiamiento insuficiente y la desvalorización de la ciencia y la educación como bienes públicos”.
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Siete universidades argentinas quedaron entre las 2.000 mejores del mundo en este ranking, pero todas ellas -incluida la Universidad de Buenos Aires (UBA)- perdieron posiciones.
Así se lo dijo a Clarín el presidente del CWUR, Nadim Mahassen, quien agregó que “para mejorar la competitividad de las universidades argentinas, el Gobierno debería aumentar el financiamiento de largo plazo destinado a la investigación y la innovación, e implementar políticas que reduzcan la fuga de cerebros mediante la atracción y retención de talentos de primer nivel".
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La UBA cayó en el ranking mundial por el desfinanciamiento del Gobierno Nacional
La Universidad de Buenos Aires (UBA), que continúa siendo la institución mejor ubicada del país, cayó del puesto 409 al 423 a nivel global. El retroceso se repitió en todas las universidades argentinas incluidas en la clasificación, en el marco del conflicto por el recorte del presupuesto y la aplicación de la Ley de Financiamiento Universitario.
Este año aparecen siete universidades argentinas en la lista del Center for World University Rankings (CWUR), que evalúa a más de 21 mil instituciones de educación superior de todo el mundo y selecciona a las 2000 mejores. En 2024 había ocho universidades nacionales; en 2021 eran diez. El ranking incluye instituciones de 95 países.
Después de la UBA, la universidad argentina mejor posicionada es la Universidad Nacional de La Plata (UNLP), que cayó del puesto 752 al 768, seguida por la Universidad Nacional de Córdoba (UNC), que pasó del 819 al 845.
En la segunda mitad de la tabla se ubican la Universidad Nacional de Rosario (puesto 1681), la Universidad Nacional del Litoral (1739), la Universidad Nacional de Cuyo (1829) y la Universidad Nacional de Mar del Plata (1891). No hay universidades privadas argentinas en el ranking.
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Los números del ajuste
El contexto es, efectivamente, el de una muy fuerte caída en la inversión en educación y ciencia. Entre 2023 y 2025 el presupuesto ejecutado a nivel nacional en Educación y Cultura cayó 47,7% en términos reales y la caída proyectada para 2026 -si sigue sin cumplirse la Ley de Financiamiento y no se hace un nuevo recorte- es de 54,4%. En Ciencia, la caída fue de 45% entre 2023 y 2025 y se proyecta que sea de 55,7% en 2026.
El ajuste en estas áreas es mucho mayor al de la Administración Pública Nacional en promedio, que registra una caída de 28,8% entre 2023 y 2025 y proyecta que sea de 36,5% al terminar 2026, señala a Clarín Javier Curcio, economista e investigador de la UBA y el CONICET.
En tanto, la inversión que llega a las universidades desde la Secretaría de Educación -para funcionamiento, salarios, investigación y hospitales universitarios -es la más baja de los últimos 20 años.
“Creo que, efectivamente, hay una relación directa entre la caída en la posición relativa en este ranking y el financiamiento”, dijo Curcio a Clarín, aunque relativizó los estándares que usan los rankings universitarios internacionales en general.
Además, agregó: “Las universidades argentinas enfrentan dificultades para ofrecer educación de alta calidad, atraer y retener talento y producir investigación de calidad a gran escala”.
Mahassen también alertó sobre las consecuencias de largo plazo que podría generar esta tendencia. “No es solo un problema académico, sino nacional, porque la erosión del sistema de educación superior argentino socava el desarrollo científico, la innovación y el futuro de largo plazo del país”, afirmó.