El 2026 nos sigue sorprendiendo con sus shows anunciados y septiembre nos tiene preparado un de los más históricos con la llegada de una verdadera leyenda viva de la música, Caifanes.
La banda mexicana se presentará por primera vez en más de 30 años en Argentina el 23 de septiembre en el Teatro Vorterix.
Las entradas se pondrán a la venta mañana viernes 23 de enero a las 12 horas en la web de All Access en este enlace.
“Solo queríamos tocar”: el origen sin plan maestro
Caifanes nunca nació como un proyecto destinado a llenar estadios ni a marcar una época del rock en español. “Lo nuestro era hacer música. Nunca pensamos en nada, simplemente nos caímos bien y dijimos ‘yo toco esto, yo toco lo otro’ y pues chido, de esa forma se dio”, recuerda uno de sus integrantes, dejando claro que no existía ninguna ambición desmedida detrás. “Nunca pensamos en hacer una banda, al menos ni Saúl ni yo pensamos en hacer un grupo que llenara lugares o tuviera rolas legendarias. Solo queríamos tocar… No teníamos idea, queríamos tocar y punto”. Ese encuentro casi casual terminó convirtiéndose en una historia que todavía sigue viva: “Me pareció interesante hacer algo con este güey… me empezó a poner rolas y dije ‘órale qué chido está’ y le empezamos a meter. Ahora míranos, aquí estamos 37 años después”.
Esa naturalidad también marcó sus influencias y su identidad musical, que nunca encajaron del todo en la etiqueta de “banda de rock”. “Yo venía de la salsa y de tocar jazz… a la fecha yo me considero mucho más jazzero o folclórico o salsero que rocanrolero, porque tiene que ver no solo la música que tocas sino el cómo vives”, explica, y suma: “Había escuchado poco rock, escuchaba cosas más progresivas como Yes, Genesis… venía de la salsa y el jazz, así que supongo que las ideas se mezclaron. Lo que traía Saúl con lo mío”.
Demos nocturnos, servilletas y canciones dictadas
El momento que cambió todo tampoco respondió a una estrategia calculada. Estaban a punto de irse a España en un barco donde trabajarían a cambio del pasaje, hasta que apareció una oportunidad inesperada. “Ya casi nos íbamos para allá y de pronto apareció Juan Manuel Aceves… nos consiguió un estudio de grabación como de 10 de la noche a 5 de la mañana… y ahí nos metimos a hacer los demos”. Esas grabaciones llegaron a una radio amiga y torcieron el destino: “Programaron la rola en Espacio 59… eso nos volteó completamente la jugada porque estábamos casi por irnos. No sé qué hubiera pasado en España la verdad”.
Nada en Caifanes siguió un método rígido, ni siquiera el sonido del primer disco. “No fue una cosa racional ni consciente, fue algo que se dio… yo solo tenía un sintetizador que tenía ocho sonidos… nos sentamos en un cuartito de azotea a empezar a chambear… ‘cómo ves si le metemos esto’, ‘ah suena chingón búscale acá’, y así fue”. De ese caos creativo salió incluso “Viento”, pensada como un simple relleno. “Nos faltaba una rola para el disco… un señor que nos veía en La Veiga nos pasó una servilleta con la frase… escribió ‘Préstame tu peine y péiname el alma’ y ya de ahí Saúl se encarreró con la letra”.
En ese proceso apareció también una forma casi mística de escribir. “Saúl siempre tuvo una forma muy mística y particular de escribir… siempre he sido mucho de víscera… hay ciertas rolas y ciertos momentos en donde eres solo un camino, lo demás te lo dictan de allá arriba”. Para ellos, la música siempre fue algo que desborda lo racional: “La música tiene la virtud de saltarse la parte racional… de repente estás cantando a todo pulmón con un güey que no pelarías nunca en la calle… la música es mística completamente”.
No rendir cuentas, no dejar pasar una rola mala
Caifanes también se construyó desde una ética propia. “Era un proyecto en el que no queríamos rendirle cuentas a nadie más que a nosotros mismos… éramos nosotros y lo seguimos siendo hasta la fecha. Nuestros propios jueces”. Esa vara interna explica por qué sienten que no hay canciones flojas en su catálogo: “No hay una rola mala de Caifanes no porque seamos unos genios, sino porque no la dejamos pasar… el rock es mucho más empírico, de decir ‘está chingón eso’ o ‘suena poca madre’”.
Nunca buscaron ser “la mejor banda de rock en español”, aunque reconocen su singularidad. “Nos abrimos paso a chingadazos y logramos entrar a lugares donde nadie había entrado… hay que hacer música por necesidad… hacerlo por el dinero y la fama es exactamente la forma para no lograrlo”. Para ellos, la clave siempre fue otra: “Si tú haces las cosas con gusto y corazón, se oye y se siente… quiero pensar que nos fue bien porque somos honestos con lo que estamos haciendo”.
Con el tiempo, las canciones dejaron de pertenecerles. “Cuando terminas una canción deja de ser tuya y pasa a ser de quien la escucha… ‘Sombras en Tiempos Perdidos’ es de mis rolas favoritas de Caifanes”. Y aun hoy conviven entre temas obligados y preferidos: “Tenemos nuestras consentidas y nuestras obligadas… hay rolas que dejaría de tocar pero la gente las quiere y nosotros estamos para ellos”.
El impacto cruzó fronteras casi sin darse cuenta. “La primera vez que tocamos fue en Los Ángeles… se llenó para nuestra sorpresa… creo que ahora tocamos más allá que acá” hablando de su gira por Estados Unidos.
