Luego de una muy larga espera de casi 30 años, finalmente una de las bandas referentes del metal gótico y el death-doom, Draconian, llegará por primera vez a la Argentina.
La banda contará con una invitada muy especial, Emma Ruth Rundle, y la banda local encargada de abrir el show será Inazulina. La fecha será el domingo 17 de mayo en el Teatro Flores.
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Para Emma Ruth Rundle, la música nunca funcionó como un refugio cómodo ni como una postal romántica del acto creativo, pero siempre se encontró con ella misma en el acto de componer y crear.
En ese sentido, el aislamiento no surge como gesto estético sino como una condición concreta para volver a empezar. “Necesitaba estar sola. Necesitaba un tiempo de aislamiento total”, explicó al recordar un período en el que buscó despegarse del ruido acumulado. “No creo que ir a un destino exótico sea la manera en que la gente necesita escribir discos, creo firmemente en presentarse todos los días a hacer la práctica”. Caminar junto al océano, observar un paisaje que la dejaba frente a sí misma, funcionó como un reinicio: “necesitaba un reset del sistema nervioso, limpiar los restos que deja la gira”.
Esa claridad no elimina la resistencia diaria. Rundle reconoce con crudeza la facilidad con la que el deseo se desvía: “si hago lo que tengo ganas de hacer, puedo mirar películas durante tres semanas seguidas y no hacer nada”. Por eso insiste en que “poner metas y establecer disciplina es clave para lograr cosas creativamente,nadie va a escribir mi música por mí, nadie va a pintar mis cuadros por mí”. La inspiración puede aparecer, pero no alcanza: “la inspiración es genial, pero tenés que presentarte a la práctica, tratarlo como un trabajo”.
Gran parte de su obra se mueve cerca del dolor, sin rodeos ni metáforas tranquilizadoras. “Mi tema suele estar muy cerca del dolor o del trauma. Ese es mi tema”, afirmó, y reconoció que, sin una estructura que la contenga, su tendencia es anestesiarse: “si no, tengo el instinto de adormecerme, ya sea con drogas, alcohol”. De ahí la necesidad de entrar de lleno, con intención, porque “hay que meterse y pasar tiempo enfocándose en esto”.
Durante uno de sus discos, ese proceso coincidió con la sobriedad. “Me volví sobria mientras hacía este disco, y eso tuvo que ver con correr esos mecanismos de afrontamiento que adormecen”, explicó. enfrentar la oscuridad y preguntarse de qué se trata, quién es ese amigo oscuro que manipula constantemente mi comportamiento”.
La creación, para Rundle, también necesita límites claros. Trabajar intensamente permite cerrar etapas: “normalmente me levanto y voy directo a trabajar en eso”, porque después “es lindo poder decir ‘ya hice eso’ y no tener que vivir en esa intensidad todo el tiempo, los deadlines son importantes porque, si no, te podés perder en la nada”.
En su mirada sobre la música aparece una defensa frontal de la imperfección. “No podés escribir imperfecciones en la música y que sea auténtica. Simplemente pasan, cuando escucho esas fallas, me conectan inmediatamente con la persona, va directo al corazón y me desarma por completo, no está pensado para ejecutarse perfecto, no hay nada en la experiencia humana que sea perfecto”. La vida es desordenada, y la música, si quiere decir algo real, también.
Incluso frente al miedo cotidiano, la respuesta vuelve a ser práctica y concreta. “Sí, todos los días”, admite cuando le preguntan si siente ansiedad, pero propone una salida mínima: “salí una hora y trabajá en esa canción, si hacés algo directamente opuesto a lo que la ansiedad te dice, te vas a sentir mejor. Eso es, en realidad, autocuidado”.
