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Entradas Horsegirl Argentina Niceto Club 2026: cuándo y dónde comprarlas

El grupo formado por Nora Cheng, Penelope Lowenstein y Gigi Reece pisará por primera vez suelo argentino y tendrá su fecha en Buenos Aires.

Miércoles, 14 de enero de 2026 a las 15 03

Por Cristopher Martínez

Miércoles, 14 de enero de 2026 a las 15:03

Una de las bandas que emergió de la escena musical en Chicago, Horsegirl, llegará a Argentina por primera vez a la Argentina este año.

El trío se presentará el 26 de mayo en Niceto Club.

Las entradas se pondrán a la venta mañana jueves 15 de enero a las 13 horas en la web de Venti en este enlace.

El segundo disco de Horsegirl aparece como un registro del paso del tiempo. Phonetics On and On captura el tramo que va de la adolescencia a la adultez temprana: “nuestro primer disco fue atravesar la secundaria; Phonetics On and On representa mucho de cómo llegamos de los 18 a los 22. Hay gente que dijo que este nuevo disco suena como si nos hubiéramos ido a un lugar nuevo y desconocido. Tiene sonidos nuevos, pero también, de manera bastante literal, se nos puede escuchar aprendiendo a vivir solas en un lugar nuevo. Tomarnos un momento para vivir la vida juntas fue muy importante para nosotras. Entre los 18 y los 21 pasan muchísimas cosas, hay un desarrollo y una experiencia de vida enormes”.

Lejos de pensar sus referencias como un gesto nostálgico, Horsegirl habla de una relación emocional sostenida con el indie y el DIY, entendidos como punto de partida. Ellas mismas lo formulan así: “cuando éramos adolescentes nos atraía la energía cruda y la forma creativa de tocar la guitarra en Daydream Nation, y también lo desprolijo y la sensibilidad DIY de Flying Nun. Esas bandas y esas escenas siguen siendo muy queridas para nosotras como puerta de entrada a la música de guitarras underground. Al mismo tiempo, había algo muy atractivo en la elegancia de los tonos de guitarra limpios y en la estructura clásica de las canciones. Nos encantaba el desafío de traducir nuestro songwriting dentro de esas nuevas limitaciones”.

El origen del proyecto, incluso antes de que existiera formalmente la banda, está atravesado por la amistad y por un aprendizaje lento y compartido. “Penelope y Nora nunca habían escrito una canción y se habían hecho amigas hacía poco. Al principio éramos tímidas, y todo el proceso fue dolorosamente lento. Probablemente pasamos un mes entero trabajando solo en esa primera canción. Desde el comienzo, igual, establecimos un proceso de escritura extremadamente colaborativo: tocábamos juntas las partes de guitarra, cantábamos melodías al azar encima y, pieza por pieza, íbamos viendo qué funcionaba y qué no”.

Durante la grabación, el espacio físico también terminó moldeando el disco, con The Loft convertido en una especie de refugio invernal en Chicago: “mi cuarto recibe mucha luz, así que también era práctico. Mi hermano siempre dice que el invierno en Chicago es tan extremo que se siente como viajar de una esclusa de aire a otra, casi como estar en el espacio exterior. The Loft se volvió una nave espacial a la que íbamos todos los días: comíamos almuerzos tipo familia, había una mantita en el sillón, y una de las primeras cosas que nos dijeron del lugar fue que teníamos que vestirnos en capas. Era divertido: veíamos los outfits de cada una, a ver cuál era la combinación más delirante. A veces yo tenía demasiadas capas y le daba una a Nora, y en un momento Cate incluso me dio una capa a mí. Eso fue muy especial”.

El vínculo con Cate Le Bon, productora del disco, se construyó desde una admiración previa, pero creció hasta convertirse en una relación de acompañamiento más amplia. “Siempre fue alguien con quien nos parecía increíble trabajar, incluso cuando éramos adolescentes. Las cosas que decía venían de una perspectiva… es brillante. Como música, podía hablarnos no solo de cómo hacer una canción, sino del miedo a sacar algo, de hacer un segundo disco, de estar en un sello. Podía relacionarse con nosotras, y tenía sentido dejarla entrar en nuestra dinámica”.

En lo creativo, el segundo álbum se apoyó en la curiosidad y en la confianza mutua, permitiéndose probar sin saber exactamente a dónde iban a llegar: “pensábamos: ‘Nora, ¿qué pasaría si tocaras violín? Sabemos que no sabés tocar, pero…’. Lo hacíamos y sonaba increíble, y eso nos llevaba a simplificar la guitarra para dejarle espacio al violín, y así sucesivamente. Había una excitación permanente, la sensación de que cualquier cosa podía pasar. Queríamos capturar la energía lúdica y propulsiva de la música ruidosa usando tonos de guitarra limpios y estructuras pop, y usar el espacio y el vacío de la misma manera juguetona en que usábamos el ruido cuando éramos adolescentes”.

El concepto de phonetics también atraviesa el disco desde lo lingüístico, como una forma de volver a lo elemental: “como palabra, simplemente nos encantaba. Queríamos abrazar algo rudimentario: la fonética es como el bloque básico del aprendizaje del lenguaje. Todavía no son palabras, son solo bloques. Nuestros ‘la la la’ son muy lingüísticos. Nos inspiraba la idea de despojar todo hasta algo elemental y dejar que esos sonidos carguen sentido antes de convertirse en lenguaje”.