La eliminación de Boca frente a Huracán volvió a profundizar la crisis futbolística del equipo y dejó una señal inédita dentro de la gestión encabezada por Juan Román Riquelme. Después de la derrota en los octavos de final del Torneo Apertura, el presidente xeneize optó por no mantener contacto con el plantel, una decisión que sorprendió puertas adentro del club.
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Durante los últimos años, las conversaciones de Riquelme con los futbolistas después de resultados negativos se transformaron en una constante. El dirigente solía ingresar al vestuario, esperar al plantel en Ezeiza o mantener reuniones informales luego de derrotas importantes para expresar respaldo, preocupación o malestar por el rendimiento del equipo.
Sin embargo, esta vez la conducción de Boca eligió otro camino. Cerca del presidente aseguraron que “no había nada para hablar”, una frase que expuso el clima de desgaste interno después de una serie de resultados que golpearon fuerte al equipo durante las últimas semanas.
Una práctica habitual que esta vez no apareció
La ausencia de Riquelme después de la eliminación tomó relevancia porque existían numerosos antecedentes de intervenciones directas del dirigente tras partidos decisivos. En octubre de 2023, por ejemplo, el entonces vicepresidente ingresó al vestuario luego de perder el Superclásico ante River en La Bombonera mientras Jorge Almirón brindaba la conferencia de prensa.
También había ocurrido tras la derrota 4-0 frente a Godoy Cruz en Mendoza, cuando esperó al plantel durante la madrugada en el predio de Ezeiza para mantener una charla con los jugadores. Otro episodio recordado sucedió durante el ciclo de Sebastián Battaglia, luego de una caída ante Gimnasia en condición de local, cuando ordenó que los futbolistas descendieran del micro sin autorización del entrenador, una situación que terminó deteriorando la relación.
Ya como presidente, Riquelme volvió a repetir esa dinámica después de la eliminación de la Copa Libertadores frente a Alianza Lima y también tras la caída ante Atlético Tucumán por Copa Argentina. Por eso, el silencio posterior a la derrota contra Huracán resultó llamativo dentro del mundo Boca.
Boca quedó obligado a reaccionar
La derrota ante el Globo dejó al plantel golpeado anímicamente y volvió a encender cuestionamientos sobre el rendimiento colectivo. Dentro del club reconocieron que el equipo cometió numerosos errores durante el partido, aunque también sostuvieron que los futbolistas dejaron todo dentro de la cancha.
El panorama deportivo se volvió todavía más delicado porque a Boca apenas le quedan dos partidos en el semestre y ambos serán determinantes. El equipo recibirá primero a Cruzeiro y luego a Universidad Católica en La Bombonera, con la obligación de obtener resultados positivos para sostener sus aspiraciones internacionales.
Una nueva caída podría profundizar la crisis futbolística y aumentar la presión sobre el cuerpo técnico, los jugadores y la conducción encabezada por Riquelme. Mientras tanto, el clima interno en Boca volvió a quedar bajo tensión después de otra eliminación que golpeó fuerte en el cierre del semestre.