Un preocupante informe del Instituto Argentina Grande (IAG) difundido recientemente revela que la industria nacional ha sufrido un retroceso histórico, situando sus volúmenes de producción en niveles comparables a los de 2003.
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Tras más de una década de estancamiento, el estudio advierte que el país produce actualmente menos manufacturas que hace quince años, marcando un quiebre estructural que afecta la competitividad y el poder adquisitivo de los trabajadores. Según el IAG, tras un ciclo de recuperación que culminó en 2011, la actividad inició en 2018 un declive que no ha logrado revertirse.
El contraste global y la brecha de competitividad
El informe subraya que el retroceso local del 12% en los últimos quince años se produce en un contexto de expansión para las potencias mundiales. Mientras Argentina se contraía, China incrementó su volumen un 220% desde 2010 y Estados Unidos creció un 43%. Este escenario expone la pérdida de peso manufacturero de América Latina frente al avance asiático y las nuevas políticas de relocalización de las grandes potencias, que imponen a las fábricas locales condiciones extremas de eficiencia para sobrevivir a la presión de los bienes importados.
El análisis detalla que la recuperación inicial (2003-2011) estuvo “impulsada por el crecimiento de la economía, un tipo de cambio competitivo y un fuerte dinamismo del mercado interno”, factores que hoy han mutado hacia una reconfiguración del mapa productivo con claros ganadores y perdedores netos según su capacidad de exportación o dependencia del consumo doméstico.
Impacto en el salario: el fin de la relación con la producción
Una de las conclusiones más alarmantes del IAG es el quiebre de la histórica relación entre el volumen fabricado y la mejora en las remuneraciones. El estudio advierte que el deterioro productivo impacta directamente en los ingresos: “los salarios reales permanecen en una fase de estancamiento, acumulando varios meses sin mejoras apreciables en el poder adquisitivo”.
La entidad remarca que, especialmente desde el último semestre, “el vínculo entre salarios y producción no parece tan clara, aunque el estancamiento de los salarios de los últimos meses (5 meses de estancamiento y caída) parecerían indicar que, sin una industria que crece, es difícil sostener salarios al alza”. Esta asimetría se refleja también entre sectores: mientras los alimentos y el petróleo muestran mejoras por su perfil exportador, ramas como textiles y metales registran caídas de entre el 13% y el 29%.