El Tribunal Oral Federal N°1 de La Plata confirmó que durante la última dictadura cívico-militar funcionó un centro clandestino de detención y tortura a pocos metros del estadio de Gimnasia y Esgrima La Plata, en pleno Bosque platense.
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La resolución judicial se conoció en el marco del juicio por delitos de lesa humanidad cometidos en la Brigada de Infantería, la Dirección de Caballería de la Policía Bonaerense y las comisarías 2° y 8° de la ciudad.
Según quedó acreditado en el fallo, entre marzo y diciembre de 1976 más de 300 personas fueron secuestradas, torturadas y mantenidas cautivas en las instalaciones policiales ubicadas en 1 y 60, a metros del estadio Juan Carmelo Zerillo.
Durante el proceso judicial, sobrevivientes y familiares reconstruyeron cómo funcionaba ese engranaje represivo en uno de los primeros centros clandestinos utilizados por las fuerzas de seguridad en la región.
Uno de los testimonios más impactantes fue el de Federico Antonio Amuchástegui, histórico hincha tripero y miembro de una familia profundamente vinculada al club.
En su declaración ante el tribunal recordó que pudo identificar el lugar de cautiverio por los sonidos que llegaban desde la cancha de Gimnasia durante los partidos.
“Después lo confirmé cuando jugó Gimnasia, porque se escuchaban los cantos de la hinchada”, relató durante el juicio.
Amuchástegui también contó que los detenidos escuchaban los gritos de la tribuna mientras permanecían secuestrados y luego eran trasladados a sectores donde sufrían torturas.
La represión golpeó de lleno a su familia: su hermana Gladys Mabel Amuchástegui permanece desaparecida desde agosto de 1976 y otros familiares también fueron perseguidos y detenidos.
Otro de los testimonios clave fue el de Julio Pino Cabezas, quien recordó haber reconocido el lugar durante un partido entre Gimnasia y Vélez disputado el 2 de junio de 1976.
A esas declaraciones se sumaron testimonios incorporados por lectura en los que sobrevivientes relataron cómo identificaban el lugar por el movimiento de la hinchada tripera camino al Bosque.
La sentencia volvió a poner en el centro el vínculo entre el terrorismo de Estado y los espacios cotidianos de la ciudad, mostrando cómo mientras miles de personas asistían a la cancha, a pocos metros funcionaba un centro clandestino de tortura.
Cincuenta años después, el fallo judicial confirmó esos crímenes y reforzó el reclamo de memoria, verdad y justicia en la capital bonaerense.
