El último relevamiento de la Unión del Comercio, la Industria y la Producción (UCIP) ha dejado al descubierto una realidad que el oficialismo local intenta matizar con marketing : la profunda desigualdad entre los centros comerciales de Mar del Plata. Aunque el dato frío indica que el 92,22% de los locales resiste, la lectura política es ineludible. El informe sobre más de 2.400 comercios evidencia "zonas liberadas" a su suerte, donde la ausencia de inversión pública, seguridad e iluminación está forzando a los propietarios a bajar las persianas definitivamente.
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Mientras el concejal Agustín Neme y el bloque oficialista suelen defender la gestión bajo la bandera de una ciudad "productiva" y "abierta", los datos territoriales cuentan otra historia. Esta "Mar del Plata de dos velocidades" es la que hoy muestra sus peores números en que supieron ser el motor del empleo genuino para los vecinos, pero que hoy no figuran en la lista de prioridades de la Comuna.
Juan B. Justo y 12 de Octubre: las postales del olvido oficial
El foco más crítico del informe se sitúa en la Avenida Juan B. Justo, donde la tasa de locales cerrados trepó al 15,68%. Lo que antes era la "Avenida del Pulóver", hoy luce como un cementerio de locales vacíos. La situación se repite en la calle 12 de Octubre, con un 14,38% de inactividad, y en Talcahuano (12,50%). Para los comerciantes de estas zonas, la responsabilidad de la Intendencia es directa y el discurso de "acompañamiento al que produce" que emana del Concejo Deliberante suena a ironía.
Denuncian una presión impositiva que no se traduce en servicios básicos: veredas destrozadas, una iluminación deficiente que fomenta la inseguridad y la falta de un plan de bacheo que facilite el acceso de los clientes. "Sentimos que para el municipio terminamos en la Avenida Independencia; lo que pasa hacia el puerto o hacia el oeste parece no estar en la agenda del intendente", señalan voces del sector que ven cómo sus ahorros se diluyen frente a una gestión que parece mirar solo hacia la costa.
La "suerte" de unos pocos y el relato del oficialismo
Mientras sectores como Alem (96,84% de apertura) o Güemes (94,29%) logran sostenerse, la brecha con el resto de la ciudad se agiganta. Esta disparidad es el resultado de una política de "parches" donde solo se embellece lo que el turista ve para la foto de redes sociales. El Microcentro, con un 94,44% operativo, sobrevive más por el empuje del sector privado que por incentivos reales de una Municipalidad que ha sido cuestionada por la suba de tasas y la creación de nuevos gravámenes encubiertos.
La falta de una exención impositiva real para los comercios que recién comienzan es uno de los reclamos que la gestión actual sigue sin atender. En lugar de fomentar la reapertura de locales vacíos con beneficios fiscales, la respuesta oficial liderada por Neme en el recinto suele ser la justificación de los aumentos en la Tasa de Seguridad e Higiene, asfixiando la rentabilidad de los pequeños comerciantes.
Sin plan estratégico para frenar el efecto contagio
El informe de la UCIP es una bofetada de realidad frente al relato de una ciudad en pleno auge. Contar con un 7,78% de locales cerrados a nivel general es una señal de alarma que la intendencia no debería ignorar. El riesgo del "efecto contagio" es real: local que cierra, cuadra que se oscurece y zona que se vuelve más peligrosa, expulsando tanto a consumidores como a nuevos inversores.
Hasta ahora, las respuestas han sido eventos aislados que no resuelven el problema de fondo. Sin una política de Estado local que integre a todos los barrios y alivie la carga de quienes producen, el mapa comercial de Mar del Plata seguirá mostrando estas dos caras: una vidriera brillante en Güemes y miles de persianas bajas en los barrios que el marketing oficial no puede ocultar.