El fin de una era comercial golpea el corazón de la ciudad. La histórica juguetería Periquita, que durante más de 50 años fue sinónimo de infancia y tradición en la esquina de San Martín y Catamarca, bajó definitivamente sus persianas.
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Las míticas vidrieras, cubiertas con un papel que aún lleva la marca de la juguetería, exhiben un cartel críptico que dice: “Nos estamos renovando para sorprenderte. ¡No lo vas a poder creer!”. Sin embargo, detrás del enigma ya no se esconde una renovación, sino el traspaso definitivo del local.
El inmueble fue adquirido hace dos años por la firma Jade, una distribuidora de artículos de bazar y librería, y ahora se oficializó el cambio de manos. Fuentes gremiales confirmaron que “entre los 6 y 8 empleados” que trabajaban en la tradicional juguetería fueron “absorbidos por los nuevos dueños, así que está garantizada la continuidad laboral”.
Cerró la juguetería Periquita en Mar del Plata y preocupa la pérdida de comercios históricos
Pese a la tranquilidad que brinda la reubicación de los trabajadores, el cierre de Periquita no es un hecho aislado, sino una nueva ficha de un tablero preocupante: el progresivo desembarco de grandes distribuidoras y cadenas que reemplazan a los comercios de cercanía, erosionando el tejido comercial del microcentro. Mientras las autoridades locales miran hacia otro lado, la identidad de la ciudad se diluye esquina por esquina.
La propia juguetería definía su misión como la de “contribuir al desarrollo tanto físico como emocional a través del juego” y el acompañamiento a padres e hijos. Ese vínculo afectivo, construido durante medio siglo, hoy se desdibuja para dar paso a una nueva sucursal de una firma que ya cuenta con cinco puntos de venta en la ciudad, entre locales minoristas y un mayorista.
El crecimiento de esta cadena no estaría mal si no viniera acompañado del cierre de un histórico negocio familiar que supo ser el lugar “donde se compran los juguetes”.
Mientras tanto, desde el municipio no hubo declaraciones ni políticas activas para contener la pérdida del patrimonio comercial local. Los vecinos y comerciantes de la zona lamentan la partida de una marca que supo alimentar la fantasía de varias generaciones y ahora solo deja un cartel de misterio y las obras de refacción de un negocio que poco tiene que ver con la historia de la ciudad.