La motosierra de Javier Milei tiene un nuevo objetivo: los colegios de martilleros. El ministro Federico Sturzenegger los calificó como "un problema" y aseguró que avanzará con una desregulación total del sector para terminar con los "privilegios" que, según él, encarecen la intermediación inmobiliaria.
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La respuesta desde la costa no se hizo esperar. El Colegio de Martilleros de Mar del Plata saltó a la arena política con los tapos puestos, denunciando que detrás de ese discurso oficial lo único que se esconde es un intento encubierto por "bajarle el precio a la profesión" y vaciar de contenido su trabajo.
"El mercado ya está desregulado. Nosotros no somos obligatorios, la gente nos busca porque confía en nosotros", sentenció Marcelo Crotto, vicepresidente del Colegio local. Pero lo que más preocupa en el sector no es solo el bolsillo de los matriculados, sino la pelota de riesgos que esta medida le puede dejar a la ciudadanía.
El plan del gobierno que tiene en alerta a los martilleros de mar del plata
Crotto fue contundente al graficar el peligro real. Si cualquier persona sin formación ni control puede meterse a vender o alquilar propiedades, advierte que se viene una ola de estafas masivas. "Cualquiera puede tener una opinión y cualquiera puede cobrar y decir cualquier cosa. Nos da temor que al no haber una regulación todo vaya por ese camino", explicó el dirigente.
El peligro que no ven en casa rosada
El argumento de los martilleros es sencillo y demoledor: la profesión es universitaria, capacita a sus miembros y, sobre todo, controla. Entienden que lo que el gobierno plantea como una "desregulación" es en realidad un sinónimo elegante para el "libertinaje" absoluto, donde el más débil, que suele ser el comprador o el inquilino, termina siempre perdiendo.
Desde el Palacio de Hacienda insisten en que el paquete legislativo busca eliminar "costos innecesarios" y "privilegios creados por ley". Pero en Mar del Plata el mensaje no cala hondo. La bicoca ya armó la carpeta: piden más control, no menos, y un acompañamiento estatal que regule el mercado, no que lo abandone a su suerte en la jungla de Internet.
Mientras tanto, la incertidumbre se apodera de un rubro clave para la economía de la ciudad, sobre todo en la previa de otra temporada de verano. Los martilleros locales le plantaron cara a Sturzenegger desde el mostrador, advirtiendo que no se van a quedar de brazos cruzados mientras se intente "licuar" una carrera de años para darle lugar al amiguismo y la informalidad.