En una semana intensa con una Corte Suprema que decidió imponer argumentos mediáticos por encima de los judiciales y abrir el per saltum con el que desautorizó el desplazamiento de los jueces Pablo Bertuzzi, Leopoldo Bruglia y Germán Castelli, demostró con ese hecho el desequilibrio que presenta la balanza entre la correlación de fuerzas del Gobierno con el poder real. 

El discurso que brindó Alberto Fernández este lunes en Escobar con un perfil más confrontativo que el habitual donde no sólo se solidarizó con el juez de la Corte Suprema Ricardo Lorenzetti, por el escrache que sufrió el domingo en las afueras de su hogar, sino que acrecentó la batalla y acusó a los incitadores de las marchas de tener actitudes más "vil del fachismo y el nazismo" que las propias de la democracia, pareció ser la antesala de lo que vendría unos días más tarde.

El Presidente tuvo el pálpito, o ya sabía de antemano que la Corte Suprema desautorizaría al Poder Ejecutivo de una de las pocas facultades que puede establecer sobre el Legislativo. La celebración de la oposición de Juntos por el Cambio como si fuera un triunfo electoral, lo utilizó también para advertir al oficialismo sobre el "avance contra la República" y para confirmar la diseminación del efecto Jair Bolsonaro en sus filas.

En el medio del momento más delicado por la pandemia del coronavirus, y tras haber acusado al Gobierno de ser una "infectadura" y de utilizar el "terrorismo sanitario" para gobernar, Juntos por el Cambio radicalizó su discurso tanto en los medios de comunicación, como cuando Elisa Carrió menciona que Cristina Fernández, vicepresidenta de Alberto Fernández, prepara un golpe de Estado para diciembre, así como también en el Congreso cuando se convierte en el único bloque que se opone al impuesto a las grandes fortunas. 

Elisa Carrió en DESDE EL LLANO: "Cristina no puede parar. Va por todo"

El oficialismo acepta las reglas del juego, pero también comprende que no está pudiendo lidiar con la gran cantidad de frentes que se abrieron producto de las necesidades que continúan agudizándose en todas las capas sociales. Por ende, el Presidente, a través de uno de sus principales asesores Leandro Santoro, envió el sutil mensaje a todas sus primeras líneas de exponerse más en el momento de mayor tensión. Claro, no todas y todos están preparados psicologicamente para someterse a las operaciones mediáticas de Clarín o La Nación, o directamente a amenzas de muerte, tal como ocurrió con el presidente de la Cámara de Diputados, Sergio Massa, y con las legisladoras del Frente de Todos Gabriela Estévez y Ofelia Fernández. Pero es cierto que el pedido de Alberto se oficializó y las muestras de carácter aún no fueron suficientes.

El aumento de la pobreza a casi el 41% y las necesidades de toda una sociedad que está en crisis con los representantes políticos demanda un escenario de mayor compromiso para todas y todos. No es un argumento válido mencionar en los medios de comunicación que las organizaciones sociales están conteniendo las necesidades de los más vulnerables, porque así como el personal de salud está trabajando al borde del colapso mental y también sanitario, las compañeras y compañeros que llevan adelante las ollas populares también presentan un enorme desgaste psicológico y corporal, y la demanda está en alza constante.

El Frente de Todos es una fuerza muy diversa de organizaciones políticas, sociales, culturales y sindicales, que cuenta con una representación de casi el 50% del electorado que votó en las últimas elecciones. Se necesita con suma urgencia la unidad real de todo ese movimiento para terminar con las internas que se dejan entrever en los distintos Ministerios y para poder enfrentar la alerta amarilla no sólo de los ecocidios que se están dando en las distintas provincias del país, sino también para enfrentar a una oposición que ya avisó (con hechos) que está dispuesta a presentar cualquier tipo de argumento para desestabilizar al Gobierno.