El recuerdo de Néstor Kirchner a diez años de su muerte reflora más fuerte que siempre. El "NO al ALCA" en la Cumbre de las Américas en el 2005 marcó un antes y un después en la región que no tuvo ni, creo yo, tendrá antecedentes.

En una de las ciudades más hermosas del mundo, en Mar del Plata, con todos los líderes populares de Latinoamérica poniéndose de acuerdo para dejar de ser los sumisos de siempre con los Estados Unidos. Ese día lo tuvo todo. El discurso de Hugo Chávez, el llamado al mismo Diego Maradona para que subiera al escenario. Siempre voy a recordar sus palabras: "La Argentina es digna, echemos a Bush".

En ese instante, con apenas 15 años y sin las herramientas para poder realizar un análisis de lo que estaba ocurriendo, sólamente podía volcarme hacia el clamor y el sentir popular. No podía establecer las conexiones necesarias para entender cómo el Presidente de Venezuela convocaba al mejor jugador de todos los tiempos y al ídolo popular más grande de la historia Argentina para mencionar semejantes palabras. La ovación al grito de "Marado" fue tal, que sentí una emoción similar a la de su despedida en la Bombonera.

Pero en aquel instante comprendí que algo distinto estaba ocurriendo en la región. Que por primera vez esas palabras que mencionaba Perón al retornar de su exilio en España respecto a una "América unida, o dominada", ya no sonaban tanto a utopía, sino que poco a poco se empezaban a convertir en realidad.

El quinteto integrado por Kirchner, Chávez, Rafael Correa, Evo Morales y Lula da Silva, aquel día marcó con un hecho político, un nuevo precedente para la región. Una muestra de rebeldía que propinó un cambio de paradigma que luego se tradujo en procesos de crecimiento económico con inclusión social en todos éstos países.

La concepción de una América Latina dedicada a escuchar las demandas de sus pueblos y abocada a fortalecer los acuerdos bilaterales entre todos los países abrió una nueva perspectiva de entendimiento que la unión de todos los Estados permitiría resolver de manera más eficaz las demandas que presentaran los pueblos.

Sin embargo, los integrantes del Poder Real, antagónicos de la distribución de la riqueza y la ampliación de derechos, quiénes actualmente juegan de manera demoledora y violentan todo tipo de convivencia democrática, entre ellos las principales torres compuestas por los medios de comunicación hegemónicos y el Poder Judicial, fueron determinantes con los exlíderes llegando a encarcelar, como es el caso de Lula, e impedirle que se presentara a elecciones. Más drásticos fueron con Morales, quien había ganado legítimamente las elecciones, pero lo destronaron con un golpe de Estado que colocó a Jeanine Áñez como Presidenta de Facto.

El giro hacia la derecha en la región fue brutal y la intromisión del Grupo Lima que encabeza el actual mandatario Jair Bolsonaro, llevó adelante una de las primeras maniobras para desarticular la Unión de Naciones Suramericanas (UNASUR). Como gesto simbólico, tiraron abajo la estatua de Néstor, ubicada en la puerta de su sede en Quito, y permaneció abandonada en un galpón durante los últimos meses.

Cabe resaltar que el exmandatario argentino fue el mentor de la UNASUR con visión periférica, estratégica y regional para prevenir, por ejemplo, un intento de golpe de Estado contra el exmandatario paraguayo Fernando Lugo en el año 2012, y desarmar el conflicto entre Venezuela y Colombia en el año 2013. Todas iniciativas suyas, reconocidas por los expresidentes, porque así era, no podía estar sólo pensando en su país, sino que era un jugador de toda la cancha y todos los frentes. Basicamente, estaba y tenía que estar en todo.

El 27 de octubre del año 2019, el Frente de Todos, también un dispositivo electoral conformado por la vicepresidenta, Cristina Fernández de Kirchner, volvió a colocar a un Gobierno que piensa en las grandes mayorías cuando hasta el Frente Amplio en Uruguay debía abandonar el poder tras veinte años de gobernar ininterrumpidamente. Un año más tarde, y tras el triunfo contundente de Luis Arce en Bolivia (MAS), la estatua de Néstor Kirchner ingresó en el Centro Cultural Kirchner (CCK) con la esperanza de repensar nuevamente la integración regional en un contexto sumamente adverso, atravesado también por la pandemia mundial del coronavirus y la recesión económica más memorable de los últimos tiempos, tras la última gran crisis en 1930.

Seguramente esa esperanza que portaba Néstor y que supo transmitir y, sobre todas las cosas, persuadir en los miles de jóvenes que decidieron sumarse a la política, es la misma que debe conservar adonde quiera que esté, pensando en la unidad regional a través del bien de la Patria y en el bienestar de los más humildes, de la mano de los nuevos aires que respiran provenientes del sur.