Que no nos vendan a la madre

Hoy es el Día de la Pachamama. En cinco días, el Senado vota entregar la tierra. Milei manda a discutir la mal llamada "Ley de Inviolabilidad de la Propiedad Privada", que en los papeles borra los últimos límites a la extranjerización del suelo argentino. Brasil no lo hace. Uruguay no lo hace. Paraguay no lo hace. Argentina, si le sale, va a tener el régimen de tierras más abierto del continente.

Sabado, 01 de agosto de 2026 a las 18 48

Hoy, 1 de agosto, en toda la región andina se honra a la Pachamama. Es el mes en que se le agradece a la madre tierra. Se le pide permiso antes de sembrar. Se le devuelve lo que se sacó. Se cava un pozo, se le da comida, se le da bebida, se le da coca. Es una cosmovisión. Es una manera de estar en el mundo.

Para los pueblos originarios, la tierra no se vende. Se cuida. Se pertenece a ella. No al revés.

El 6 de agosto, cinco días después de este ritual milenario, el Senado se sentará a discutir lo contrario exacto: cómo hacer para que la tierra se venda sin restricciones. Cómo bajar los últimos candados. Cómo entregarles a corporaciones y tecno-ricos extranjeros lo poco que quedaba protegido.

Es el mismo mes. Es el mismo país. Son dos maneras de ver el mundo que no pueden convivir.

 

 

La ley que quieren derogar

En 2011, con la firma de Cristina Fernández, se sancionó la Ley 26.737 de Régimen de Protección al Dominio Nacional sobre la Propiedad, Posesión o Tenencia de las Tierras Rurales. Fue votada casi por unanimidad. La Cámara de Diputados la aprobó con 152 votos afirmativos sobre 154 presentes. Todos los bloques la respaldaron, incluido el PRO y la UCR.

¿Qué hace esa ley? Pone tres límites. Uno: los extranjeros no pueden ser dueños de más del 15% del suelo rural argentino en total. Dos: una misma nacionalidad extranjera no puede concentrar más del 30% de ese 15%. Tres: una sola persona o empresa extranjera no puede tener más de 1.000 hectáreas en la zona núcleo (o el equivalente productivo en otras regiones).

También protege lo que la Constitución llama recursos estratégicos: la tierra que contiene cuerpos de agua permanentes o de cabecera, o que está en zona de frontera, tiene protecciones adicionales.

No prohíbe la venta. Regula. Pone un piso soberano. Dice: hasta acá, extranjeros. De acá para adelante, argentinos.

 

La ley que quieren imponer

El proyecto que Milei bautizó "Ley de Inviolabilidad de la Propiedad Privada" es el cuarto intento en menos de dos años. La primera versión estaba en el DNU 70/2023, la megadecreto. La sacaron. La segunda estuvo en la Ley Bases original. La sacaron. La tercera fue un proyecto propio del año pasado. Se cayó. Esta es la cuarta versión. Quince redacciones distintas del articulado, según cuentan en el propio Congreso.

¿Qué hace? En sus artículos centrales:

  • Deroga la Ley 26.737. Se caen los topes del 15% general, del 30% por nacionalidad y de las 1.000 hectáreas por persona.
  • Elimina la cláusula antitestaferros. Hoy, si un extranjero pone a un argentino como socio simulado para saltar el tope, la maniobra se puede cuestionar. Con el nuevo texto, no. Los prestanombres quedan blanqueados.
  • Suprime el Registro Nacional de Tierras Rurales, el organismo que hoy releva quién es dueño de qué. La opacidad como método.
  • Habilita la compra en zonas de frontera y sobre cuerpos de agua permanentes sin el filtro de seguridad interior que exige la ley vigente.
  • Prohíbe expresamente la expropiación por causas de utilidad pública sin pago previo total en dólares, lo que en la práctica desactiva la reforma agraria y cualquier política de acceso a la tierra para pequeños productores.

Léalo dos veces. No hay error de transcripción. Es exactamente eso.

 

Lo que ya perdimos

Antes de esta ley, ya perdimos mucho. Según los últimos datos del Registro Nacional de Tierras Rurales (los que ellos mismos quieren desmantelar), hay 13 millones de hectáreas en manos extranjeras. Es la superficie de Inglaterra. Es el 5% del suelo rural argentino. Los principales países compradores son Estados Unidos, Italia, España, Chile y, cada vez más, fondos de inversión con casilla postal en Delaware y Luxemburgo.

Está la Patagonia de Joe Lewis, con su lago Escondido cerrado con vallas y guardias. Están las 900.000 hectáreas de Benetton en Chubut y Santa Cruz. Está Ted Turner en Neuquén. Está Sylvester Stallone en Salta. Están, cada vez más, los "tecno-ricos" que compran acuíferos y bosques como refugio ante el colapso ecológico que ellos mismos aceleran desde sus laboratorios de inteligencia artificial y sus centros de datos.

Con la ley vigente, esos avances tenían al menos un techo. Con la ley de Milei, el techo desaparece.

 

Lo que hacen los vecinos

Brasil, con Lula, mantiene un régimen restrictivo desde 2010. Los extranjeros no pueden comprar tierras rurales de más de 100 módulos fiscales. Además, hay revisión previa del INCRA (Instituto Nacional de Colonización y Reforma Agraria) y prohibición absoluta en zonas de frontera.

Uruguay tiene un sistema de sociedades nominativas obligatorias para la tierra rural desde 2007. Nadie puede esconderse detrás de sociedades anónimas al portador. Todo se sabe.

Paraguay, con toda la debilidad institucional que tiene, prohíbe la venta de tierras en una franja de 50 kilómetros desde la frontera. Es el país más liberal en muchas cosas, pero eso no lo tocan.

¿Y Argentina? Milei quiere ir a más apertura que los tres juntos. Es una decisión política, no una necesidad económica. Y esa decisión tiene nombre y apellido: se llama entrega.

 

Quiénes ganan

Vayamos al grano. Esta ley no se hace para el chacarero pampeano ni para el pequeño productor de Misiones. No se hace para el tambero santafesino. Ninguno de ellos tiene US$ 300 millones para comprarle a otro chacarero. Esta ley se hace para tres tipos de compradores:

Primero, los tecno-ricos de Silicon Valley que están comprando tierra como refugio y como reserva de valor y de agua. Peter Thiel ya lo dijo en múltiples entrevistas: para él y para los suyos, Argentina es "la última frontera libre". Traducido: el último lugar barato con recursos naturales y sin regulación fuerte.

Segundo, los fondos de inversión especulativos, que están mirando el litio, los acuíferos guaraníes, los bosques nativos como activos financiarizables. Argentina tiene el segundo acuífero más grande del planeta. Tiene el triángulo del litio. Tiene la Patagonia, que hoy Naciones Unidas define como una de las siete regiones "estratégicas" para el próximo siglo.

Tercero, los mismos apellidos de siempre que persiguieron a la Pachamama con desalojos violentos, con vallas, con guardias privadas, con causas penales contra las comunidades. Es el mismo bloque de poder que hace un siglo montó la Sociedad Rural para desalojar campesinos y hoy quiere completar la operación quedándose con lo que resta.

Los que pierden somos nosotros. Los que perdemos es la Argentina como proyecto colectivo. No hay soberanía nacional sin soberanía territorial. Un país que no controla su tierra no controla nada.

 

Dos cosmovisiones

Hoy los pueblos originarios cavan un pozo en la tierra y le agradecen a la Pachamama. Le dan de comer, de beber, de coquear. Le piden que siga sosteniéndonos.

Es una cosmovisión que sobrevivió a la Conquista. Sobrevivió a la Campaña del Desierto. Sobrevivió a Menem. Sobrevivió al saqueo del kirchnerismo cuando corresponde marcarlo, y también al saqueo del macrismo. Sobrevivió a la pandemia. Sobrevivió a Vaca Muerta. Sobrevivió al agronegocio.

La cosmovisión libertaria dice que todo es mercancía. Que la tierra es un activo. Que la Pachamama es un obstáculo al derecho de propiedad. Milei lo dijo con sus propias palabras: "La justicia social es una aberración." Traducido a nuestro tema: la idea de que la tierra pertenece a quienes la habitan y la trabajan, y no a quien tiene más dólares para comprarla, es una aberración para él.

Yo elijo la primera cosmovisión. No porque sea folclore. Porque es política. Porque proteger la tierra es proteger el trabajo argentino, el alimento argentino, el agua argentina, la posibilidad de que dentro de cincuenta años nuestros hijos y nietos sigan siendo dueños de algo.

 

Qué hacer

El 6 de agosto sesiona el Senado. La ley se puede frenar. No es un decreto. Es un proyecto legislativo que necesita mayoría en ambas cámaras. Milei todavía no tiene los votos asegurados. Los perdió tres veces antes. Puede perderlos una cuarta.

Necesitamos hacer ruido esta semana. Explicar. Contarles a los que dudan qué es exactamente lo que se vota. Contarles a los senadores de las provincias productoras que sus propios chacareros van a ser barridos por corporaciones extranjeras que van a llegar con precios que ningún local puede pagar. Contarles a los pueblos originarios que su cosmovisión está siendo pisoteada. Contarle a la Iglesia, que también ha hablado del "cuidado de la casa común". Contarle a cualquiera que quiera escuchar.

Hoy la honramos. El 6 la defendemos.

Que no nos vendan a la madre.

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