“Se llegó a un límite”. Con esa frase lapidaria, Erik, un conductor de Uber que se integró a la plataforma en 2023 tras quedarse sin empleo, resume el sentimiento de un sector que hoy se declara en rebeldía. Lo que inicialmente fue visto como una forma de "salvarse y hacer unos pesos" en medio de la crisis, se ha transformado, dos años después, en un esquema de trabajo que los propios protagonistas califican de insostenible.
Este martes, Rosario será escenario del primer cese de actividades dirigido específicamente contra la empresa estadounidense. La medida, surgida de una organización informal de trabajadores, estima una adhesión de al menos 200 conductores que utilizan la aplicación como su principal —y muchas veces única— fuente de ingresos.
La estrategia no solo busca la desconexión masiva de los prestadores, sino que también apela a la conciencia social: los choferes solicitan a los pasajeros que, en solidaridad, no utilicen el servicio durante la jornada de protesta.
El drama de las tarifas: "Viajes de 900 pesos"
El corazón del reclamo es estrictamente financiero, pero con un fuerte trasfondo social. Los impulsores del paro denuncian que los montos percibidos por viaje se han mantenido prácticamente congelados desde 2023, en un contexto donde el combustible, el mantenimiento de los vehículos (motos y autos) y el costo de vida han escalado sin tregua.
Erik es contundente al describir la situación: “Las tarifas están exactamente iguales que cuando empezamos a laburar hace 2 años, más o menos. Es más, a veces, incluso bajan. Hay viajes de 900 pesos. Esto es una cosa absolutamente pauperizada”. Para los trabajadores, este esquema no es casual sino sistémico: “Esto es de manual, es una multinacional que se instala en países como el nuestro, que están completamente endeudados, quebrados. Es el caldo de cultivo ideal para la explotación”, sentenció el conductor.
La trampa del algoritmo y la falta de regulación
A la crisis de ingresos se suma el cuestionamiento al funcionamiento técnico de la plataforma. Los choferes sostienen que el algoritmo de Uber actúa como un supervisor invisible que los empuja a aceptar recorridos de bajo valor para cumplir con objetivos de premios y bonificaciones. Es un sistema de alta exigencia de disponibilidad que, a cambio, devuelve ingresos reducidos.
En Rosario, la situación tiene un agravante: Uber no está habilitado formalmente para funcionar. Sin embargo, el servicio opera de manera masiva, reemplazando en los hechos al taxi, al remise e incluso al colectivo, gracias a sus precios más bajos y tiempos de espera reducidos. Esta "ventaja" para el usuario es, según los huelguistas, el reverso de la moneda de sus propios derechos vulnerados. “No es justo ni sostenible seguir trabajando así”, reza el flyer que circula por los grupos de WhatsApp de los choferes.
La convocatoria para este martes es clara: “Que corten por 5 horas, por 6 horas, lo que puedan”. La mayoría de los organizadores planea sostener el paro por 24 horas, apagando la aplicación para enviar un mensaje directo a la sede central de la empresa.