El periodismo deportivo argentino perdió a uno de sus narradores más brillantes. Este viernes, a las 21:56 horas, falleció Ernesto Cherquis Bialo a los 85 años de edad. El legendario cronista, cuya voz y pluma marcaron a fuego la identidad del deporte nacional durante más de seis décadas, no pudo superar las complicaciones derivadas de una leucemia, cuadro que se originó tras una neumonía bilateral que afectó críticamente su médula ósea el año pasado.
Una batalla de entereza y "milagros" médicos
La salud de Cherquis había encendido las alarmas a fines de 2025, cuando fue internado en el Hospital Alemán. En aquel entonces, los pedidos de dadores de sangre movilizaron a todo el arco periodístico. Con su habitual lucidez, él mismo relató meses atrás la crudeza del diagnóstico inicial: "No tengo buenas noticias. La médula no funciona. Haga lo que tenga que hacer. Despídase de quien se tenga que despedir", le había dicho su médica.
A pesar del pronóstico sombrío, Cherquis logró una recuperación que él mismo calificó de milagrosa, permitiéndole despedirse de su audiencia y colegas con la dignidad que lo caracterizó. Explicó con precisión técnica y asombrosa calma el proceso de su enfermedad: un enfriamiento que derivó en una neumonía bilateral, la cual anuló sus defensas y provocó la falla medular que terminó en leucemia.
De los conventillos a la dirección de El Gráfico
Aunque nació en Montevideo, Uruguay, el 30 de septiembre de 1940, Cherquis Bialo fue el arquetipo del porteño: tanguero, borgeano y fanático de San Lorenzo. Hijo de inmigrantes polacos y rusos, se crió en los conventillos de Buenos Aires, forjando allí ese lenguaje barroquista y sofisticado que luego volcaría en el papel.
Su ingreso a la Editorial Atlántida en marzo de 1963 cambió la historia de la revista El Gráfico. Durante 30 años, pasó de ser un cronista a prueba a convertirse en el Director de la publicación entre 1984 y 1990.
Un estilo inconfundible
Cherquis no solo informaba; él construía epopeyas. Formó parte de una generación dorada de periodistas. Su capacidad para analizar el boxeo, el fútbol y la política deportiva con una sintaxis elegante y giros lingüísticos únicos lo convirtieron en un maestro para las generaciones posteriores. Su partida deja un vacío irremplazable en la radio, la televisión y, sobre todo, en la memoria de los lectores que aprendieron a amar el deporte a través de sus textos.
