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Echaron a más de 200 familias de la Playa Bristol y ahora los feriantes le instalaron sus carpas a Agustín Neme frente a la municipalidad

El municipio de Mar del Plata desalojó con topadoras la emblemática feria "La Saladita", dejando a cientos de familias en la calle. 

Martes, 28 de abril de 2026 a las 14 06

Por Redacción

Martes, 28 de abril de 2026 a las 14:06

Hace apenas diez días, la costa de Playa Bristol amaneció arrasada. Topadoras y un operativo con más de 250 efectivos federales borraron del mapa la feria conocida como "La Saladita", un paseo de compras popular que durante 25 años fue el sustento de más de 200 familias marplatenses.

Huyendo de la arena arrasada, los vendedores ambulantes instalaron sus estructuras de metal y sus carpas en pleno centro, a metros del sillón de Rivadavia. Sobre la avenida Luro, a la vuelta del palacio comunal, la protesta se transformó en un acampe con venta de mercadería, músicos con bombos y parlantes, y un reclamo que retumba cada vez más fuerte: "Queremos trabajar, no limosnas".

"Hay bronca, pero también necesidad. Nos sacaron el piso de una manera violenta, con topadoras a la noche, sin que nadie nos diera la cara", denunció Walter Rivero, referente del Sindicato de Vendedores Ambulantes (SIVARA).

Según el dirigente, que además está imputado en la causa judicial que habilitó el desalojo, no les queda más alternativa que instalar sus puestos de manera improvisada y ruidosa en pleno microcentro.

Feriantes acampan frente al palacio municipal tras ser desalojados con topadoras

La excusa legal esgrimida por el intendente interino, Agustín Neme, y el ahora senador Guillermo Montenegro es clara: la feria funcionaba de manera "irregular".

Según argumentan, la habilitación original data de 1999 y permitía apenas 70 puestos bajo estrictas condiciones. Sin embargo, con los años, la cantidad creció sin control, alcanzando los 170 locales que operaban sin agua potable, sin cloacas y facturando en negro.

Pero lo que para la Justicia fue un allanamiento por violación a la ley de marcas, para los vecinos y transeúntes que hoy cruzan la peatonal es un recordatorio de la crisis. "Nosotros somos reales. No somos esos que venden ropa trucha que decían los jueces. Acá hay gente que cría a sus pibes con lo que vende", gritó una feriante mientras desplegaba su mercadería sobre la vereda.

De las playas a la puerta del poder

La mudanza forzada de los feriantes parece haber encontrado un nuevo territorio fértil. Lejos de dispersarse, la protesta se organizó y creció. El palacio municipal amaneció blindado, pero los puestos de comida, la ropa tendida y las parrillas improvisadas ocuparon cada centímetro de la vereda. "Esto se terminó. No aceptamos el desmantelamiento sin una alternativa digna" , había sentenciado Mariana Berbeglia, del Sindicato Único de Trabajadores Feriantes (SUTFRA), apenas horas después de que las topadoras arrasaran con la estructura de la Bristol.

Mientras los feriantes clavan sus toldos en pleno Luro, la administración municipal se mantiene en silencio. Desde su despacho, Neme celebró el operativo diciendo que "Playa Bristol volvió a ser de todos", pero ante la consulta de este medio, los voceros del intendente no confirmaron ningún tipo de reunión con los manifestantes.

La incertidumbre es total. Lo que queda claro es que el problema no terminó con las topadoras, sino que apenas se mudó de vereda: de la arena al asfalto, de la costa al poder.

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